27F, from East to West

A specter that haunts our public sphere
A specter that haunts our public sphere

Two articles, both published by Prodavinci (in Spanish), are the best thing I’ve read lately on the Caracazo.

The first, by Mayé Primera, tells the story of Hilda Páez, whose son Richard was killed by a soldier’s stray bullet. Páez lived with her family in a shack in Petare, in the East of Caracas. Primera tells her story, as well as what happened at the morgue. She talks of bodies dumped in mass graves, and of the legal proceedings to bring the Venezuelan State to justice. The money quote:

En 2009, la Fiscalía General de la República anunció su voluntad de continuar con las investigaciones: promovió nuevas exhumaciones en los nichos de La Peste y los restos fueron trasladados a las instalaciones militares de Fuerte Tiuna para su estudio. Pero se les niega a los familiares de las víctimas la posibilidad de revisar los expedientes de sus casos. Tampoco se les permite que expertos internacionales de su confianza participen en la investigación. La nueva política oficial consiste en que los soldados y los comandantes que actuaron en 1989, que son los generales del nuevo milenio, determinen “la verdad” de lo que ocurrió entonces.

The second is Willy McKey’s personal account of the 27F from his home in Catia, in Western Caracas, the other end of the city. McKey was nine at the time, and his tale reads like an awakening for an entire generation. Although my 27F was way different than his, I was still moved by his account. The money quote:

Más que un balcón, el ventanal del Tamarindo se convirtió en una pantalla en tiempo real donde mi familia y los amigos cercanos vimos la historia con la distancia necesaria para sentirnos a salvo de las balas…

Pero nada nos resguardaba de los hechos. Tampoco lo hacen las pantallas de ahora. Los errores de la memoria leudan justo cuando se distancian. Y una manera de alejarse de ellos es dejar que se conviertan en otra cosa, en un espejismo, en un acuerdo, en un truco.

As another anniversary comes and goes, the Caracazo is far from a memory. Twenty four years have passed, and we’re still stuck in the same day.

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