El discurso que ha debido dar Capriles

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After my harsh critique of Capriles’s economic policy speech yesterday, plenty of you wanted me to put up or shut up: if not that, what? In that spirit, here’s the speech Capriles should’ve given…and still could, if he has the guts. 

La economía venezolana enfrenta la peor crisis de su historia. Es una crisis que toca todos los niveles, y que exige respuestas a largo plazo, pero tambien a mediano y corto plazo. Hoy me voy a concentrar en los problemas inmediatos, voy a proponer tres reformas que hay que adoptar con carácter de emergencia, inmediatamente.

Lo primero es estar bien claros en cuales problemas hay que tratar primero y cuales problemas se pueden tratar después: distinguir lo urgente de lo importante, y entender por dónde hay que empezar.

La economía venezolana es como un paciente que llega a la emergencia con un cuadro médico muy complicado. Tiene hipertensión arterial, tiene diabetes, es adicto a la droga, encima tiene HIV, el colesterol por las nubes, y signos de hepatitis.

A, y otro detalle: tiene dos heridas de bala en el pecho y se está desangrando.

La labor del médico en una sala de emergencia es establecer prioridades. En este caso, tiene que entender que lo primero es tratarle los balazos y detener la hemorragia. Si lo logra, después va a poder atender todos los otros problemas que tiene el paciente – que bastante graves de por si son. Pero solo si lo logra.

Entonces, ¿cuales son esas dos heridas de bala?

La primera es el control de cambios y la sobrevaluación del tipo de cambio oficial.

Todos sabemos que el control de cambio es un imán enorme para la corrupción, una teta de la que solo chupan los enchufados. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que el control de cambio termina financiando la fuga de capitales – a través de la sobrefacturación – y alimentando justamente lo que se supone que debe tratar de reducir: la inflación y el desabastecimiento.

¿Como? Sencillo. El control de cambio tiene al gobierno quebrado. En Venezuela hay gente que haría cola para conseguir un dolar por Bs.200, pero el gobierno se niega a vendérselo tan caro. No quiere aceptarles la plata.

¿Que cosa tan curiosa, no? El gobierno se niega a vender los dólares que tiene a Bs.200, pero si les parece bien venderlos a seis bolos. Pregúntele Ud. a cualquier empresario si su empresa va a tener buenos resultados si se niega a atender los clientes que quieren pagar Bs.200 y solo atiende a unos pocos amigotes que ofrecen nada más Bs.6,30. Eso es una locura, y en el fondo todos lo sabemos.

Por eso es que el gobierno anda quebrao. Sin un medio. ¿Como no va a estar quebrado si regala los bienes mas valiosos que tiene?

Pero con un bemol: como ellos controlan al Banco Central – que aunque la constitución dice que no, la verdad es que sí – lo mandan a imprimir más plata.

Fíjense que perverso: en vez de aceptar la plata que la gente voluntariamente les daría por los dólares que obtiene PDVSA, dicen “no, prefiero crearla de la nada.”

Y ahí empieza la espiral inflacionaria endemoniada en la que nos conseguimos.

Esa es la primera herida de bala que nos está desangrando como país. El segundo balazo nos gusta menos discutirlo, pero ya no podemos seguir dándole largas al asunto porque – que nadie se olvide – el paciente se nos está desangrando.

El segundo balazo son los subsidios a la gasolina y a la electricidad.

Todos sabemos cuando vamos a la bomba y ponemos gasolina que el precio que pagamos es irreal. Una locura. Parece que nos sale barato, muy barato. Pero lo barato sale caro.

Los venezolanos pagamos ese subsidio de mil maneras, pero la peor es la de siempre la inflación. Cuando el gobierno te regala un tanque de gasolina deja un hueco en sus cuentas. Y como son una cuerda de irresponsables, ese hueco lo vuelven a llenar ahí mismo de la manera de siempre: creando plata de la nada. La maquinita del BCV.

La gente me dice, “Capriles, no digas nada del subsidio a la gasolina”, “Capriles, deja eso de ese tamaño mira que a la gente no le gusta.” Y sí, yo sé que políticamente lo más fácil es dejar eso hasta ahí.

Pero ¿qué diría Ud. de un médico de una emergencia que, viendo a un herido de bala se está desangrando en el quirofano prefiere no hablar sobre esa herida? Dejarla de ese tamaño? ¿Ud. se dejaría tratar por ese médico?

Tremendo irresponsable es ese médico. Y yo no soy ningún irresponsable. Así que se los voy a decir clarito: el país se está desangrando por el control de cambio y por los subsidios a la gasolina y a la electricidad y yo no voy a permitir que el país se desangre.

Los que quieran irresponsables que no tomen medidas urgentes – impostergables – porque no las ven populares ya tienen un presidente en Miraflores. Ya hemos visto a dónde lleva ese camino.

Cada vez que Ud. va al supermercado y no consigue harina, y la única forma de conseguirla es con un buhonero que la vende 20 veces más cara, está viendo las consecuencias de esas dos heridas de bala que están desangrando a Venezuela.

Cada vez que una mamá no consigue leche para su hijo está pagando las consecuencias de un control de cambio demencial y de unos subsidios a la gasolina que tienen al estado quebrado.

Porque no nos confundamos: el caos en que vivimos se origina en el control de cambio y los subsidios irresponsables. Esos dos balazos tienen al estado quebrado, y un estado quebrado es un estado hiperinflacionario. Defender políticas que condenan al estado a la quiebra es promover la hiperinflación.

¿Quiere decir todo esto que al resolver el problema del control de cambio y los problemas de los subsidios irresponsables ya todo va a estar bien? Pues no. Con mucho pesar les tengo que decir que no.

Ya lo dije al principio: el paciente no solo tiene esos dos balazos. Tambien tiene hipertensión, diabetes, HIV, colesterol elevado, hepatitis y un problema de drogadicción. Todos los problemas son graves, todos hay que tratarlos, y ninguno es fácil. Pero si uno no empieza por parar la hemorragia lo demás se hace académico: el paciente se te va a morir antes de poder llegarle a esos problemas.

La hipertensión es la irresponsabilidad fiscal y la opacidad presupuestaria que nos llevó a tener deficits fiscales incluso cuando el petróleo estaba a $140, y que hizo que durante la bonanza petrolera más grande de la historia de la humanidad Venezuela acumulara deudas en vez de ahorrar.

La diabetes es la política de expropiaciones y de desprecio a la propiedad privada que destruye los incentivos para la inversión. Eso se trata restituyendo las empresas ilegalmente expropiadas a sus verdaderos dueños y regresando a mecanismos como el CIADI que protegen la inversión.

El HIV es el demencial sistema de controles de precio de artículos de primera necesidad que destruyen la competencia y llevan directamente al desabastecimiento. Eso se puede tratar reformando y desmantelando el sistema de controles sin prisa pero sin pausa.

El colesterol elevado es una Ley del Trabajo que destruye los incentivos para la producción y la superación de nuestro pueblo y que tambien tenemos que reformar y flexibilizar.

La Hepatitis es el colapso de un sistema asistencial, y eso también hay que atenderlo a través de subsidios responsables y dirigidos, como por ejemplo las becas para comprarle los útiles escolares a los muchachos.

Y claro, la drogadicción es nuestra galopante dependencia en las exportaciones petroleras y el colapso casi completo de nuestro tejido industrial que esta conlleva, y tratarla es quizás la más importante de todas nuestras tareas a mediano y largo plazo.

Todo eso tienen que ser tratado. Cada uno de esos problemas es importante, importantísimo.

Si hoy no me estoy centrando en ellos es porque liderazgo quiere decir distinguir entre lo urgente y lo menos urgente. En este momento el país se está desangrando bajo nuestras narices y ponerse a discutir problemas estructurales cuando uno está frente a un paciente que se está desangrando es casi tan irresponsable como no hacer nada.

Entonces, ¿qué tenemos que hacer ahora, ya, en lo inmediato para empezar a estabilizar al paciente y ponerle un fin a la hemorragia por esas dos heridas de bala?

Primero: Sincerar y unificar el tipo de cambio oficial, inicialmente dentro del contexto del control de cambio pero con un propósito sólido en abolirlo en menos de doce meses. Abolir el sistema de tasas múltiples, y crear, en los próximos tres meses, un sistema paralelo legal, transparente, liquido y sin intervencion oficial.

Segundo: Anunciar un plan claro para internacionalizar el precio de la gasolina a traves de aumentos semanales durante los próximos seis meses.

Tercero: Detener inmediatamente la monetización de la deuda de PDVSA y la creación de dinero del BCV, y restituirle al BCV la independencia que le garantiza la constitución pero que el gobierno viola.

Estas medidas se pueden tomar ya. De una vez. Hoy. De un plumazo. Lo único que falta es la claridad y la decisión política para hacerlo.

Si no se toman, recordaremos al 2015 como los buenos tiempos, cuando la inflación estaba más o menos bajo control. Venezuela nunca ha vivido un episodio de verdadera hiperinflación, no sabe lo destructiva que puede ser cuando se habla no ya de 5 o 10 o 15% al mes sino de 50% o 75% o 100% al mes. Esa es la alternativa. Y eso es demasiado grave. Demasiado grave.

Desde hace años que está a la vista que el país se iba a terminar desangrando por la vía del control de cambio y de los subsidios. El gobierno, en su infinita irresponsabilidad, se ha hecho el loco. Durante ese tiempo el paciente ha perdido sangre, mucha sangre. Tanta que hoy, incluso adoptando inmediatamente las tres medidas que ya he expuesto, necesitará una transfusión para poder recuperarse.

En los próximos dos años, el país tendrá que levantar financiamiento internacional para poder superar la crisis. Creemos que, si se sigue una política de emergencia sensata como la aquí expuesta, los mercados de capitales internacionales entenderán que Venezuela está en manos de un médico medianamente cuerdo y estarán dispuestos a financiar la transición a un modelo económico más lógico.

Nadie va a querer donarle sangre a un paciente con dos heridas de bala si el médico que lo está tratando se dedica a ponerle pañitos calientes mientras se desangra. Pero cuando un médico da señales de competencia, cuando demuestra que sabe como detener los focos de la hemorragia, crea las condiciones para que un potencial donante de sangre se tranquilice y entienda que su contribución no será en vano.

Ahora, yo no soy ingenuo. Yo sé lo que van a decir los titulares mañana. Yo sé que el gobierno va a gozar un puyero asustando a la gente con que Capriles va a subir la gasolina – asustarlos, es decir, con algo que hasta Chávez había dicho que era necesario hacer. Yo sé que dirán que esa vaina a la gente no le gusta y que es políticamente inviable.

No me importa.

Yo no me voy a quedar callado mientras el país que amo se desangra por la irresponsabilidad y la ignorancia de los que lo gobiernan. ESO sí que es políticamente inviable.

El momento para los cuentos de hadas y las promesas fáciles quedó atrás. Caro, muy caro han pagado los venezolanos el populismo barato de quienes no se atreven a decir lo que saben por miedo de que a la gente no le guste. La gente se cansó de transitar perennemente por esa calle ciega. Ya basta. La situación es demasiado grave para ese tipo de ligereza.

Venezuela tiene un montón de problemas económicos. Muchos son graves, pero todos – absolutamente todos – tienen solución.

Lo que nos ha hecho falta es la claridad para analizar los problemas como son la convicción para enfrentarlos ya, decididamente, sin tabúes ni complejos, y la determinación de hacerle frente a la crisis con optimismo y dejando a un lado el pensamiento mágico y las promesas irresponsables. Esa claridad, esa convicción y esa determinación son las claves para poder ofrecerle a nuestros hijos y a nuestros nietos un futuro digno y prospero.

Si mantenemos esa claridad, esa convicción y esa determinación, todos los problemas – absolutamente todos – se pueden resolver.

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