El ideario económico de Maria Corina

IMG_20150707_205909(Una entrevista exclusiva con Caracas Chronicles)

En la Quinta El Bejucal de Altamira todo es movimiento.

La casa es de esas típicas quintas de los años cuarenta o cincuenta que recuerdan a una Venezuela que ya no existe – espacios amplios que integran la vegetación tropical a la casa, y que permiten que entre la brisa crepuscular del Ávila. Uno fácilmente se puede imaginar los almuerzos domingueros de las familias que allí habitaron, donde se discutía acerca de adecos, negocios y viajes, donde no existían la escasez ni el chavismo.

Pero eso quedó en el pasado. Ahora, es un enjambre de gente, más think-tank que residencia. Es la oficina principal de Maria Corina Machado y su grupo de trabajo.

En la oficina de Maria Corina hay una pared donde cuelgan docenas de rosarios de todos los tipos y colores. Los hay de plástico y de madera, grandes y pequeños. Son regalos que le han hecho los venezolanos en sus viajes por el país.

“Este,” me dice Maria Corina, señalándome uno en particular, “me lo dio una señora en Maturín. Me dijo que no se lo había quitado en años porque se lo había dado su madre. Me lo regaló. Eso me conmovió profundamente. No soy una persona particularmente religiosa, pero estos los conservo porque representan la esperanza de la gente.”

Pero no estamos aquí para hablar de Maria Corina la política, ni de Maria Corina el ídolo de masas. Con Maria Corina hay muchos temas que tocar, pero el tiempo es corto y quiero ir al grano. Le propongo dejarnos de rodeos y de los dimes y diretes de la política opositora, y en vez hablar exclusivamente de sus ideas económicas. ¿Qué planes tiene ella para el futuro del país?

Le gusta la idea, y comenzamos.

Maria Corina se auto-define como una firme creyente en la “república liberal democrática,” como alguien que cree en el libre mercado, en el individuo, en la solidaridad, y en un Estado fuerte que permita organizar a la sociedad. “El Estado tiene que ser, antes que nada, un generador de bienes públicos. Tiene que estar al servicio de la gente.”

Le pregunto si el Estado que ella se imagina es más pequeño que el que tenemos ahora.

“¡Absolutamente!” Su respuesta no da a lugar a titubeos.

¿En porcentaje del PIB o en número de empleados públicos?, le insisto.

“¡Ambos!”

Sin embargo, me aclara, eso no quiere decir que sea un estado más débil. La violencia, la corrupción, la dependencia – todas rompen el tejido social y destruyen al individuo venezolano. El Estado tiene que dejar de subyugar al individuo, y tiene que establecer las condiciones para que florezca.

El Estado, según Maria Corina, no puede encargarse de todo. Por eso propone licitaciones y concesiones transparentes en todos los temas de infraestructura, incluyendo el de la electricidad – tema que considera de crucial importancia.

Hablamos de la violencia. ¿Tú crees, le planteo, como creen algunos por ahí que la crisis de la violencia se soluciona con “educación”?

Aquí Maria Corina se pone reflexiva.

Ciertamente, dice, las raíces de la violencia están en la falta de educación, sin embargo hay una crisis de impunidad. Enfatiza que solucionar eso pasa por solucionar el tema policial – depurar nuestros cuerpos policiales, y acabar con la impunidad en los tribunales.

“En Venezuela hay micro-estados (colectivos, pranes, etc.) que son organismos absolutamente irregulares y que tienen que ser confrontados con todo el peso de la Ley.”

Le pregunto por el papel de las Fuerzas Armadas en ese proceso.

“Ha habido la pretensión de destruir a las Fuerza Armadas. Es más, la milicia es absolutamente inconstitucional. Hay que acabar con la infiltración que pretende dividir a las Fuerzas Armadas, y rescatar la meritocracia. Yo confío en la moral de los oficiales para rescatar la institución.”

Le pregunto si se reúne con miembros de las Fuerzas Armadas, y me dice que sí, pero que siempre con mandos medios, y en público. “Hace unos meses fui a la procesión de la Divina Pastora en Barquisimeto y cuando me estaba yendo, se me acercó un oficial – creo que era sargento. Me agarró por un brazo y me dijo ‘¡Júreme que usted no se va a rendir!’”

Rápidamente cambiamos de tema: petróleo. ¿Ella cree en la inversión privada en la industria petrolera?

Insiste en que la realidad de nuestra industria es contundente, y no deja mucho espacio para la ideología. Piensa que la participación privada en la industria – tanto nacional como extranjera – tiene que darse, y habrá que crear las condiciones para que eso se de en forma transparente.

“Hay que aumentar la capacidad de producción del petróleo, pero hay que ser realista.” No lo dice, pero asumo que se refiere a algunos políticos de oposición que prometen triplicar la producción petrolera en el corto plazo. “El mercado petrolero no da para aumentos vertiginosos. El valor económico del petróleo se va a acabar. Hay que aprovechar esta riqueza mientras tenga valor.”

Para ello, Maria Corina propone varias cosas. Dice que el Estado debe separar la labor reguladora de la labor operativa, es decir, separar el Ministerio de PDVSA. Cree que Venezuela necesita una agencia reguladora de petróleo tecnocrática y absolutamente apolítica, que sienta las condiciones bajos las cuales todas las empresas deben competir. “PDVSA debe competir con otras empresas – tanto venezolanas como extranjeras – en los proyectos petroleros que dije el regulador.”

Para que esa inversión se dé, dice, habrá que simplificar los requisitos de composición accionaria de las empresas mixtas, y ciertamente tendrá que haber cambios tributarios para fomentar la inversión privada.

Le pregunto por el tema del precio de la gasolina.

“Ciertamente el precio de la gasolina es irracional. El contrabando de gasolina está acabando con el país, y subyugando a nuestra población. ¿Tú sabías que la pesca se ha acabado porque las embarcaciones se dedican al contrabando de gasolina? Ahora están pagando 1.800 bolívares en la frontera nada más para guardar el puesto en la cola de gasolina.”

“Pero así como te digo esto,” me dice con especial énfasis, “me opongo radicalmente a que sea este gobierno el que aumente la gasolina, por dos razones: uno, porque regalan el petróleo a otros países, y dos, por todo lo que roban. Son unos ladrones.”

La conversación gira hacia el tema de la transición. ¿Qué habría que hacerse en caso de acceder al poder relativamente pronto?

“La transición necesita asegurar la gobernabilidad inmediata y la irreversibilidad del cambio. Esto implica que el ciudadano tiene que ver resultados rápidos – en términos de comida, salud, y violencia.”

Para ello, Machado propone programas sociales urgentes dirigidos a las familias más necesitadas, para ayudar en una transición que a todas luces sería complicada. Propone estabilizar a PDVSA y desmontar los controles que asfixian a la economía venezolana lo más rápido posible.

“Eso requiere dinero,” le digo yo. “Esa transición que me estás pintando – para eso hace falta real.”

Si, va a requerir dinero, me confiesa. Machado cree que el efecto de confianza que generaría un cambio en Venezuela facilitaría el arribo de inversiones y la repatriación de capitales. “El riesgo país bajaría inmediatamente al haber un cambio de gobierno. Con integridad y transparencia se puede financiar el arranque.”

“Lo que proponemos es lo que los venezolanos creen. Hace unos meses, el Pew Research Center  descubrió algo que a muchos les tomó por sorpresa – el 67% de los venezolanos creen en el libre mercado, más que en cualquier otro país de América Latina.”

Concluimos con un pequeño juego de palabras, en el que le pido que me asocie un nombre con una palabra. Se siente incómoda con esto, pero accede.

¿Thatcher? “¡Una dura!”

¿Merkel? “¡Doblemente dura!”

¿Obama? “Un hito”

¿Podemos? “Crónica de una tragedia anunciada”

¿El Papa Francisco? “Una esperanza – para América Latina y para la Iglesia”

¿Fidel?

Aquí Maria Corina se pone pensativa. Mide sus palabras.

“Fracaso. Un enorme, costoso, trágico fracaso.”

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