Durante los primeros años de nuestra democracia, Carlos Rangel fue un gigante de la esfera pública venezolana. Combinaba una destreza intelectual notable con una presencia mediática constante. Junto con su esposa, la igualmente notable Sofía Ímber, dominaban la conversación de las mañanas en su programa de entrevistas.

Lo raro de Rangel es que era uno de los pocos intelectuales de derecha que ha habido en Venezuela. Era como una especie de William F. Buckley criollo.

Su magnum opus, por supuesto, es “Del Buen Salvaje al Buen Revolucionario.” Nunca lo he leído, así que me pareció pertinente que lo ataquemos en el Club del Libro de Caracas Chronicles, particularmente ahora que el libro está cumpliendo cuarenta años.

Rangel murió a los 58 años, en 1988, casi un año antes de que la democracia venezolana sucumbiera ante los embates del Caracazo. Fue un feroz crítico del sistema político venezolano, pero nunca llegó a ver su degeneración final, y la evolución que tomaría en los años de Hugo Chávez. Ahora que la muerte del chavismo se cierne, sus ideas merecen ser revisitadas.

En las próximas semanas, discutiremos la primera mitad del libro. Unas semanas después, concluiremos.

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