El Ecuador quedó luego de la segunda vuelta electoral, en la que debía definirse quién será el próximo Presidente, al borde de una confrontación social y de una crisis de legitimidad política de incalculables consecuencias.

La reacción de los ecuatorianos se explica en la extraña por la escasísima credibilidad que tiene el Concejo Nacional Electoral, organismo completamente controlado por el gobierno de Rafael Correa.

Aunque el Consejo Nacional Electoral dio a las 11 de la noche de domingo 2 de abril unos resultados que colocaban al candidato gobiernista Lenín Moreno como ganador con apenas un 2,2%, decenas de miles de ecuatorianos se volcaron a las calles para protestar en contra de lo que piensan fue un fraude electoral. Durante toda la noche y hasta la madrugada del día siguiente había miles de personas haciendo vigilia en las calles para obligar al Consejo Nacional Electoral a respetar el resultado electoral. El candidato opositor Guillermo Lasso anunció que pedirá un reconteo de los votos pues,  con documentos en la mano, dijo que hubo alteraciones de actas.

La reacción de los ecuatorianos, más allá de si los resultados fueron verídicos o no, se explica en la extraña forma en que se dieron los hechos durante la tarde y noche del domingo y, sobre todo, por la escasísima credibilidad que tiene el Concejo Nacional Electoral, un organismo  completamente controlado por el gobierno de Rafael Correa.

Las primeras dudas aparecieron cuando la página web del Consejo Electoral se cayó por 20 minutos durante la tarde y regresó con un 94% de las actas escrutadas con la novedad de que Lenin Moreno se hallaba liderando los resultados. La intranquilidad de la oposición se agudizó luego de que conocidas las encuestas a boca de urna en las que al menos en tres ganaba Lasso, el Consejo Nacional sacó datos en los que Moreno estaba adelante con 200 mil votos de ventaja cuando se había escrutado apenas el 96% de las actas, lo que significaba algo más de 600 mil votos. Esto llamó la atención, pues en la primera vuelta ese organismo se había negado a dar datos hasta que no estuvieran escrutadas el 100% de las actas.

Más tarde el candidato opositor Guillermo Lasso apareció en televisión afirmando que se apelaría todos los resultados pues, afirmó, tenía pruebas de que en muchas actas sus votos se los había contado a favor de Moreno.

Para ese entonces, al menos unas 6 mil personas se habían concentrado en las inmediaciones del Consejo Nacional Electoral  para exigir que se respete la voluntad popular.  No muy lejos de ahí, el candidato gobiernista Lenín Moreno festejaba con el presidente Correa su triunfo en otra manifestación a la que asistieron al menos 2 mil personas.

Las protestas en contra de los resultados se replicaron en casi todas las ciudades del país sin que se registren, por el momento, hechos de violencia importantes. El fantasma de la crisis venezolana también está presente en este período de agitación social.  Durante la campaña la oposición habló mucho sobre los riesgos de que con el triunfo de Moreno el Ecuador siga los pasos de Venezuela. Incluso Lilian Tintori fue invitada por la candidatura de Lasso y aunque no fue admitida por las autoridades de migración, su caso fue uno de los puntos más discutidos durante la campaña.  El gobierno, por su lado, hizo todos los esfuerzos posibles por convencer al electorado que no existen parecidos entre la realidad venezolana y la ecuatoriana. En Ecuador existe una importante inmigración de venezolanos, algunos calculan en 60 mil personas, que viven en medio de una difícil situación económica.

Ecuador está pagando en estos momentos el precio de haber adoptado un sistema político construido por el gobierno de Correa donde no existe independencia de poderes.

El caso de Venezuela también salió a flote con ocasión de las denuncias de fraude. Las redes sociales se llenaron de referencias a lo ocurrido en las últimas elecciones presidenciales venezolanas y la ex funcionaria del Consejo Nacional Electoral de Venezuela, Ana Mercedes Díaz se ha convertido en una de las personas que con mayor fuerza denuncia en redes el supuesto fraude. Díaz, incluso, que vimo como observadora para la primera vuelta que se realizó el 19 de febrero tuvo que refugiarse en la Embajada de los EEUU pues afirmó que el gobierno de Correa quería detenerla y deportarla. Díaz sostiene que el Consejo Nacional Electoral ha consumado un fraude gracias a un software adulterado.

Pero la decisión de la oposición de volcarse indignada a las calles no se explica únicamente en las cosas extrañas que se produjeron luego del cierre de urnas y que le hacen sospechar en un fraude.  La indignación de la gente también se explica por la casi total falta de credibilidad del Consejo Nacional Electoral.  Ese organismo ha permitido que el Gobierno utilice durante la campaña todos los recursos del Estado a favor de la candidatura de Moreno, lo que incluye el grosero uso proselitista de los medios comunicación que son administrados por el Gobierno y que se convirtieron durante las últimas semanas en auténticos voceros de la candidatura de Moreno. Evidentemente, un importante sector de los ecuatorianos no cree que el Consejo Nacional Electoral sea una garantía para el proceso electoral.

El Ecuador está pagando en estos momentos el precio de haber adoptado un sistema político construido por el gobierno de Correa donde no existe independencia de poderes y en el que los organismos de control, como la Fiscalía, la Contraloría o el Consejo Nacional Electoral, están al servicio incondicional del gobierno. La sociedad se siente desprotegida frente al poder del Estado-partido y no ve otro recurso para hacer valer sus derechos que salir a la calle.

No es seguro que con Moreno el apoyo ecuatoriano al gobierno de Venezuela se mantenga igual de incondicional.

Los peligros de una abierta confrontación social a raíz de las elecciones se debe básicamente a que el país queda dividido en dos mitades, de las cuales una sigue siendo creyendo en las bondades del sistema político montado por Correa. Hasta no hace muchos años, sin embargo, esa porción de la población partidaria del modelo correísta era de casi el 70%, pero la recesión de la economía por la la caída de los precios del petróleo y las denuncias de corrupción han creado una sensación de hartazgo entre una importante porción de la sociedad.

Para la población ecuatoriana es evidente que las decenas de miles de venezolanos que han emigrado ven con recelo un nuevo período de correísmo.

Aunque los resultados finalmente apuntalen la victoria de Lenín Moreno, lo más probable es que si llega a posesionarse del cargo lo hará con una falta de legitimidad y una debilidad que le impedirán gobernar a sus anchas. Un triunfo así de apretado deja a un país polarizado y las sospechas de fraude harán que para Lenín Moreno sea muy complicado gobernar. A esto hay que sumarle la crítica situación económica en la que queda el país, que no tiene la capacidad de financiar los gastos que supone un Estado gigante y costoso heredado de la administración de Correa. Lenín Moreno, en caso de que se confirme su triunfo, heredará un país donde al menos la mitad de la población no lo reconocerá como un presidente legítimo y eso en medio de una compleja situación económica hará sin duda que todo sea más difícil.

Para la región, el caso ecuatoriano es muy sensible. Con Bolivia, son los únicos país donde quedan gobiernos que simpatizan con el régimen chavista de Venezuela. Si Lasso era el ganador, el gobierno de Maduro hubiera perdido a uno de sus aliados. Sin embargo, no es seguro que con Moreno el apoyo ecuatoriano al gobierno de Venezuela se mantenga igual de incondicional. Moreno sabe que llegará al poder con muy poco capital político y con una población que teme llegar a vivir en una nueva versión de Venezuela. Por eso, no hay que descartar que Moreno, una vez en el cargo, envíe señales que lo distancian de Maduro.

Esto en todo caso, no va a ser fácil. Una parte importante de su aparato partidista se siente muy identificado con el chavismo y en la Asamblea tendrá varios asambleístas que son de esa línea. En cualquiera de los escenarios, el tema venezolano estará muy presente en la política interna del Ecuador. Para la población ecuatoriana es evidente que las decenas de miles de venezolanos que han emigrado ven con recelo un nuevo período de correísmo, pues el temor de que se llegue a vivir lo que se vive en Venezuela siempre está presente y ese ha sido un tema muy fuerte durante la campaña electoral.

Venezuela, en definitiva, será un tema que Moreno deberá manejar con sumo cuidado para poder legitimar un mandato que lo asumirá debilitado y con un país mucho más polarizado del que había cuando aceptó la candidatura presidencial.

 

 

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