La gestión comunicacional del chavismo tras la captura de Nicolás Maduro
El régimen saluda una nueva era de colaboración con Estados Unidos mientras mantiene a raya las esperanzas democráticas y espera el “regreso” de Maduro y Cilia Flores

Tras una madrugada que por un instante fue interrumpida por las explosiones de los misiles disparados desde los helicópteros de los MH-60L, hubo un silencio mayor al tradicionalmente acompañado por los grillos de Caracas: la incertidumbre sobre cuál había sido el objetivo. Por redes sociales, usuarios postearon diferentes imágenes desde sus casas en donde los incendios resultado de las explosiones se levantaban en columnas de incertidumbre.
Esta incertidumbre duró algunas horas, inicialmente con un comunicado desde Cancillería que indicaba que Nicolás Maduro, en sus funciones, había activado todos los protocolos y planes de defensa necesarios para la defensa de la nación, anunciando a su vez la vigencia del estado de conmoción nacional. Horas después, a través de una nota de voz grabada por la vicepresidenta Delcy Rodríguez se anuncia que se desconoce el paradero de Nicolás Maduro y de Cilia Flores. A su vez el Ministro de la Defensa, Vladimir Padrino López, advierte de una mayor escalada de violencia, dice que los ataques incluyeron localidades civiles y llama a la consolidación de un muro de resistencia conformado por civiles y fuerzas militares ante la “invasión”.
Muro que nadie vio erigirse antes de que, en su declaración desde su resort de Mar-a-Lago, Trump indicó que se establecieron conversaciones cordiales con Delcy Rodríguez, y que ella estaba completamente dispuesta a trabajar. Un micrófono se convirtió en una daga para la narrativa oficialista en menos de 24 horas. Desde el 28 de julio del 2024, las capacidades de manejar la agenda mediática del gobierno se habían visto mermadas porque la premisa “dato mata relato” se validó a través de las actas y cualquier intento de explicación ya no era creíble. La disociación como manera de seguir gobernando sin legitimidad.
Desde el 3 de enero, el oficialismo venezolano ha tenido que hacer malabares entre demostrar que existe una colaboración con el gobierno estadounidense y una defensa a dos figuras centrales, como lo son Maduro y Flores. “No es nada personal, solo son negocios” es una de las lecciones que pareciera que el chavismo aprendió de Michael Corleone. Al día de hoy hasta Nicolás Maduro Guerra ha indicado que siente necesario reabrir la embajada de EEUU y hasta la israelí, cerrada desde mucho antes.
Jorge Rodríguez dijo que “si vamos a promover la convivencia pacífica, nosotros tenemos que rectificar, nosotros tenemos que buscar mecanismos donde sea la parsimonia, el encuentro y bajarle un poco a la soberbia, pero ustedes (opositores) tienen que bajarle a la mezquindad”.
Mientras la cúpula chavista busca complacer a los intereses de la administración Trump y posicionarse como un aliado indispensable para la inversión foránea, el apoyo de base del Partido Socialista Unido de Venezuela hace cánticos y coreografías en redes sociales diciendo que rescatará a Nicolás Maduro y a Cilia Flores de un encarcelamiento “ilegal”. Resulta por lo menos interesante que los sectores del oficialismo que tienen más que perder por este súbito acercamiento con Washington sean los más leales, mientras que la cúpula recibe en Caracas al director de la CIA.
Observar a un vocero tan radical como Diosdado Cabello indicando que desea la apertura de la embajada de Venezuela en Estados Unidos y la de Estados Unidos en Venezuela es una señal de que algo ha cambiado. En sus palabras, “nosotros no tenemos temor de sentarnos a hablar con quien tengamos que hablar. Dudar es traición. La unidad nos convierte en un solo cuerpo, no hay agentes libres acá”.
Cabello aceptó también la liberación de presos políticos en estos términos: “Tiene que ver con un proceso de reconciliación nacional, lo ha anunciado la presidenta encargada. Quedan excluidos los que tienen casos de narcotráfico, violación, ataques a niños, asesinato”. Pero ni la represión ni el ataque a las ONG han cesado, tampoco por el lado de Jorge Rodríguez, quien dijo el 13 de enero que Foro Penal eran mezquinos e interesados. Cabello dijo que “las mal llamadas ONG le están cobrando a los familiares diciendo que los detenidos salen gracias a ellos, ¿A ellos? Si algo hacen las ONG es echarle paja a los detenidos porque ellos reciben plata de afuera”.
Entre tanto, el “presidente obrero” ahora comparte celda con los delincuentes más mediáticos del mundo. El chavismo puede intentar convertir a quien ordenó secuestro en masa en pobre rehén de Estados Unidos, mientras Delcy indica que si le toca ir a Washington lo hará acompañada del espíritu de un bravo pueblo. Lo más razonable es que la querella por la liberación de Maduro dure años, acompañada de una narrativa antiimperialista artificial.
Cabello intenta compensar el impacto del 3 de enero alegando que nada ha cambiado en realidad.
Los hermanos Rodríguez ya han bajado el tono de conflicto. Jorge Rodríguez dijo que “si vamos a promover la convivencia pacífica, nosotros tenemos que rectificar, nosotros tenemos que buscar mecanismos donde sea la parsimonia, el encuentro y bajarle un poco a la soberbia, pero ustedes (opositores) tienen que bajarle a la mezquindad”.
Es relevante destacar que históricamente en la narrativa oficialista, la oposición es una extensión de los intereses de Washington. Esa rectificación también se ha evidenciado dentro de los reclamos de los sectores internacionales de la izquierda que han pasado del término “invasión” a “intervención” para resumirlo a una detención “ilegal”. Así también lo ha expresado Maduro Guerra en una gira de podcasts, en donde aparta la importancia de la nueva relación Miraflores-Casa Blanca y se centra en lo importante que son las condiciones de Maduro y Flores.
Sin lugar a dudas, la desincorporación de Alex Saab y de Freddy Ñáñez del gabinete puede considerarse un gesto para la administración de Trump, el primero por ser el operador financiero de Maduro (preso por EEUU y luego liberado por la administración Biden) y el segundo por ser el encargado de la “guerrilla comunicacional” del gobierno venezolano durante los momentos de mayor tensión entre Venezuela y Estados Unidos.
Entre mordeduras de lengua y apelación a la memoria selectiva, el régimen pareciera ahora enfocarse en apropiarse del relato y hacerle frente a las disputas por la verdad. Cabello intenta compensar el impacto del 3 de enero alegando que nada ha cambiado en realidad: “lo único que no les salió bien es que sigue gobernando la Revolución Bolivariana y el país está en paz”.
Pero “dato mata relato”. Empezando por Delcy Rodríguez, en este gobierno provisional que Trump dice que le está obedeciendo hay actores solicitados por crímenes relacionados a conspiración para delinquir y tráficos de droga. Sin contar aún los casos de violaciones de derechos humanos, que no prescriben.
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