La economía venezolana que no muestran las nuevas cifras oficiales

El BCV publicó algunas cifras del PIB. Leamos entre líneas para hacernos una idea más completa de lo que está pasando

Tras años de silencio estadístico, el Banco Central de Venezuela volvió a publicar cifras de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB). Las nuevas series —anuales y trimestrales, en términos reales y con año base 2007— permiten, al menos, reinsertar la discusión económica en el terreno de los datos. Sin embargo, el regreso es parcial. Como ha sido habitual, el BCV difundió tasas de variación, pero no los niveles del PIB a precios constantes, ni los valores a precios corrientes, ni las ponderaciones sectoriales que permiten entender cómo está compuesta la economía.

Esta ausencia no es un detalle técnico. Sin ponderaciones, las tasas de crecimiento flotan en el vacío. Informan sobre la dirección del movimiento, pero no sobre su relevancia. Un sector puede crecer 20% y seguir siendo marginal. Otro puede expandirse poco y, aun así, dominar el resultado agregado. Leer el PIB sólo a través de tasas es como observar un mapa sin escala.

A partir de las variaciones sectoriales publicadas por el BCV, es posible realizar un ejercicio indirecto: reconstruir índices de volumen con base 2007 = 100 y, a partir de ellos, estimar los pesos sectoriales implícitos dentro del PIB. No se trata de reemplazar las cuentas nacionales oficiales, sino de extraer información estructural que hoy no está explícita en las cifras publicadas. El resultado permite responder una pregunta clave: ¿de qué está hecha la economía venezolana que emerge tras la recesión y el rebote reciente?

Un cambio de equilibrio: menos Estado productor, más peso privado

El primer hallazgo es de carácter institucional. En 2018, en uno de los puntos más profundos de la crisis, el sector privado llegó a representar apenas 44,8% del PIB, el nivel más bajo observado en la serie reconstruida. El sector público, en contraste, superaba el 52%, reflejando tanto el colapso de la actividad privada como el peso relativo que mantenían las funciones productivas del Estado.

Desde entonces, la relación se invierte. Para 2025, el sector privado alcanza alrededor de 52,1% del PIB, mientras que el sector público se reduce a 42,4%. La economía venezolana que surge de la crisis es, en términos relativos, menos estatal que la de finales de la década pasada.

El petróleo solía representar alrededor de 12% del PIB y era frecuentemente superado por la manufactura. Hoy, en cambio, el sector petrolero llega a cuadruplicar el peso de la industria manufacturera.

Conviene matizar la lectura. Este cambio no implica necesariamente una expansión vigorosa del sector privado en términos absolutos. En buena medida, responde a una contracción más pronunciada y persistente del sector público como productor directo de bienes y servicios. Aun así, la recomposición es significativa y marca un quiebre respecto al patrón observado durante los años más agudos de la crisis.

El petróleo: centralidad reforzada, pero con cautela estadística

El segundo eje de la recomposición es el sector petrolero. En la nueva serie, su peso en el PIB se ubica en torno a 20,5% en 2020 y asciende a cerca de 25,9% en 2025. A simple vista, estas cifras sugieren una economía nuevamente dominada por el petróleo.

Pero aquí la advertencia metodológica es crucial. El año base 2007 coincide con un período de precios petroleros altos. Este hecho tiende a inflar la participación relativa del sector en términos reales. En la serie anterior, con base 1997, el petróleo solía representar alrededor de 12% del PIB y era frecuentemente superado por la manufactura. Hoy, en cambio, el sector petrolero llega a cuadruplicar el peso de la industria manufacturera.

El dato no debe descartarse, pero sí interpretarse con cuidado. Refleja tanto la estructura actual de la economía como un efecto estadístico derivado del cambio de base. La centralidad del petróleo sigue siendo indiscutible, aunque su magnitud exacta depende del prisma metodológico.

Sectores que ganan espacio: información, servicios y agricultura 

Entre las actividades no petroleras, el cambio más estructural se observa en información y comunicaciones. Durante más de una década, entre 2007 y 2019, este sector promedió apenas 5,2% del PIB. A partir de 2020, su participación supera de forma persistente el 10%, consolidándose como uno de los principales ganadores de la recomposición reciente.

Este aumento sugiere una economía que se reorganiza alrededor de servicios de conectividad, telecomunicaciones y flujos de información. No implica necesariamente alta productividad, pero sí un cambio claro en la canasta de actividades que generan valor.

La agricultura ofrece una dinámica distinta. Aunque sigue siendo un sector de escala moderada, hoy representa cerca de 5% del PIB, frente a un promedio de 3,3% entre 2007 y 2019. La clave está en su resiliencia relativa durante la recesión de 2014–2020: cayó menos que otros sectores y, como resultado, ganó peso en una economía más pequeña.

Dentro del universo de servicios, también destaca el conjunto de actividades inmobiliarias, profesionales, científicas, técnicas, administrativas y de apoyo, un sector amplio y heterogéneo que, pese a esa diversidad, muestra un patrón claro en el tiempo. Antes de la crisis, estas actividades representaban alrededor de 11% del PIB y, al igual que la agricultura, exhibieron una resiliencia relativa durante los años más duros de la recesión. En un contexto de alta inflación y volatilidad cambiaria, los servicios, en particular los profesionales y técnicos, tienden a ajustarse con mayor flexibilidad que las actividades intensivas en inventarios o capital físico.

El entusiasmo con respecto a ciertos sectores en crecimiento se modera al observar sus pesos en el PIB de 2025: aproximadamente 3,6% en construcción, 1,5% en finanzas y apenas 0,8% en minería.

No obstante, el sector no está exento de matices. En 2020 alcanzó un máximo cercano a 16,7% del PIB, pero parte de esa ganancia se moderó posteriormente, hasta ubicarse en torno a 13,0% en 2025. Ello refleja que el agregado incluye dinámicas muy distintas: mientras algunos servicios profesionales y técnicos se expandieron, otras ramas más golpeadas, como las actividades inmobiliarias, siguen operando por debajo de sus niveles históricos. Aun así, en su conjunto, este bloque se consolida como el mayor sector no petrolero de la economía venezolana actual.

Otros sectores muestran, en cambio, mayor estabilidad estructural. El comercio y reparación de vehículos, que hoy representa alrededor de 5% del PIB, llegó a caer hasta 3,8% durante los años más agudos de la crisis, reflejando el colapso del consumo, pero ha vuelto a ubicarse en rangos similares a los previos. 

Algo parecido ocurre con alojamiento y servicios de comida que tocó un mínimo durante la pandemia, 1,3% del PIB en 2020, como consecuencia directa de las restricciones de movilidad, el cierre de alojamientos y la virtual paralización del turismo. Desde entonces ha ganado relevancia parcial, hasta 1,6% en 2025. Pese a la atención reciente que ha recibido, su impacto agregado sigue siendo moderado y su comportamiento, más estable de lo que sugiere la percepción popular.

Las grandes perdedoras: manufactura y el Estado productor

Siguiendo en las actividades no petroleras, la manufactura ilustra bien las cicatrices de la crisis. Tras superar el 10% del PIB hasta 2013, su participación se desploma hasta un mínimo cercano a 5,4% en 2019. En los años posteriores se observa una recuperación parcial, hasta alrededor de 6,8% en 2025, pero muy lejos de sus niveles históricos. Más que una reindustrialización, lo que muestran los datos es una estabilización en niveles bajos.

El ajuste más abrupto, sin embargo, se observa en los servicios de gobierno general. Tras alcanzar un máximo histórico cercano a 22,9% del PIB en 2019, su participación se reduce hasta apenas 10,8% en 2025. Ningún otro sector pierde tanto peso en tan poco tiempo. El Estado sigue siendo relevante, pero su rol como productor directo de valor agregado es hoy mucho más reducido.

Crecimientos espectaculares, impactos acotados

Las tasas de crecimiento más elevadas de los últimos años corresponden a sectores que siguen siendo pequeños. En detalle, entre 2023 y 2025, la construcción registró un crecimiento acumulado cercano a 57%, las actividades financieras y de seguros alrededor de 40%, y la minería cerca de 27%.

Sin embargo, el entusiasmo se modera al observar sus pesos en el PIB de 2025: aproximadamente 3,6% en construcción, 1,5% en finanzas y apenas 0,8% en minería. Son sectores dinámicos en términos porcentuales, pero con impacto macroeconómico limitado por su tamaño. Es un recordatorio de por qué los pesos sectoriales importan tanto como las tasas de crecimiento.

Qué nos dice esta recomposición, y qué no

La economía venezolana que emerge de este ejercicio es distinta a la de hace quince años: más peso relativo del sector privado, un petróleo estadísticamente dominante, servicios de información en expansión, industria debilitada, finanzas reducidas y un Estado productor mucho más pequeño.

Conviene insistir en los límites del análisis. Los pesos aquí discutidos son implícitos, no oficiales, y dependen de la consistencia interna de las tasas publicadas por el BCV. Revisiones futuras podrían alterar algunas magnitudes.

Aun así, el mensaje central es claro. Detrás de las tasas de crecimiento que hoy concentran la atención pública, hay una recomposición silenciosa de la economía venezolana. Comprenderla es indispensable para cualquier discusión seria sobre política económica, inversión o desarrollo productivo. Porque, al final, no solo importa cuánto crece el PIB, sino —y quizás sobre todo— de qué está hecho.

BCV