Delcy ya ve caer la aprobación que heredó del 3E

Tres meses de encuestas revelan cómo el gobierno de Delcy Rodríguez pierde a su propia base sin conquistar nuevos apoyos

Venezuela lleva tres meses midiendo el momento exacto en que una expectativa colectiva empieza a convertirse en decepción. Las encuestas mensuales de AtlasIntel y Bloomberg para el Latam Pulse Venezuela, levantadas en febrero, marzo y abril de 2026, documentan un proceso político que tiene nombre, dirección y velocidad. Y lo que muestran es inequívoco: Delcy Rodríguez no está consolidando un gobierno de transición, está administrando uno que se erosiona por disfrazar esa transición sin hacerla.

No estamos ante un desplome de sus niveles de popularidad, pero sí vemos ya una tendencia hacia abajo.

Los números son precisos. En febrero, 37% de los venezolanos aprobaba la gestión de Delcy Rodríguez. En abril, esa cifra bajó a 31,4%. La desaprobación subió de 44,3% a 47,1%. En términos absolutos, la distancia entre quienes la aprueban y quienes la rechazan se amplió de 7 a casi 16 puntos en 90 días.

El dato más revelador no está en la aprobación sino en la evaluación de gestión. Quienes calificaban su gobierno como “excelente o bueno” cayeron de 23,4% a 16,2%. Ese porcentaje no migró al rechazo frontal. Migró al “regular”, que creció de 34,7% a 45,3% y hoy es la categoría dominante. Ese movimiento diría que tiene que ver más decepción que con rabia, siendo el primero un sentimiento mucho más difícil de revertir que el rechazo abierto.

El nicho que apoyaba a Delcy Rodríguez es el que más se mueve. Y una primera conclusión es que la gestión de la expectativa que se generó el 3 de enero no está funcionando. La gente no estaría comprando el relato 120 días después de su llegada al poder.

Para entender por qué se mueven esos segmentos, hay que leer los datos económicos en paralelo. En febrero, 78% de los venezolanos creía que el país mejoraría en los próximos seis meses. Era el optimismo del momento histórico, la expectativa que el 3 de enero había depositado en el ambiente. Tres meses después, ese optimismo cayó 23 puntos. Hoy un 55% cree que habrá mejora.

Según estas cifras, la valoración que tiene la gente de la oposición sigue intacta.

Mientras tanto, la realidad no se movió. El 77% sigue evaluando la situación económica del país como mala. El mercado laboral se percibe igual de deteriorado. El Índice de Confianza del Consumidor pasó de +14,7 en febrero a -1,9 en abril. El índice de expectativas cayó de +58,3 a +34,6.

La brecha entre lo que se esperaba y lo que se vive es el motor que explica todo lo demás. Y esa brecha no le pesa a todos. Ese venezolano vulnerable que aún en crisis seguía confiando en el chavismo por necesidad, obligación o apoyo, ese de menor ingreso (y de menor escolaridad, el beneficiario del Sistema Patria que le daba el beneficio de la duda a Delcy), también esperaba que el cambio de situación post-3 de enero se sintiera en su bolsillo, en su trabajo, en su vida. Tres meses después, no lo siente.

El mapa de los dirigentes

El ranking de imagen de líderes políticos que mide AtlasIntel completa el cuadro. María Corina Machado mantiene 56% de imagen positiva sin ceder un punto en tres meses, con un balance neto de +30 puntos. Edmundo González se sostiene en 49% con +24 puntos. Según estas cifras, la valoración que tiene la gente de la oposición sigue intacta.

El contraste con el bloque chavista es brutal. Ninguna figura del gobierno tiene balance neto positivo. Diosdado Cabello está en -52 puntos, Jorge Rodríguez en -51, y Nicolás Maduro en -46. Delcy Rodríguez es la “menos mala” del bloque con -30 puntos. Y aún así está en territorio negativo profundo. La dirigencia chavista ocupa sin excepción niveles de rechazo altísimos, netos, concretos, muestra del rechazo que la gente tiene a todo lo que signifique Maduro.

Administrar es sencillo cuando se tiene al Estado en su totalidad. Legitimarlo requiere que la vida de la gente mejore. Y esa es la deuda que la población le estaría cobrando a Delcy.

Venezuela está transitando de la expectativa emanada del 3E hacia la realidad. Y la realidad es que el gobierno de Delcy Rodríguez no está siendo percibido como la solución, está siendo identificado progresivamente como la continuidad del problema que dejó Maduro. AtlasIntel identifica la corrupción como el problema número uno para el 53% del país según. El debilitamiento de la democracia aparece en tercer lugar con 32,8%. La población no confunde gestión con cambio.

Delcy Rodríguez no perdió a sus críticos, esa gran mayoría nunca la tuvo con ella. Lo que está perdiendo es algo más costoso políticamente: está perdiendo a sus creyentes. A quienes sin ser propiamente opositores esperaban que algo cambiara. A quienes le dieron el beneficio de la duda en el momento de mayor expectativa colectiva que ha vivido Venezuela en años. Ese movimiento, silencioso y sin grandes titulares, es el que los números de AtlasIntel documentan mes a mes con una claridad que el discurso oficial no puede esconder.

El muestreo de AtlasIntel

Los datos de este análisis provienen de una encuesta de reclutamiento digital aleatorio (Atlas RDR) aplicada a 4.629 venezolanos entre el 24 y el 28 de abril de 2026. Como toda medición digital en Venezuela, el método tiene un sesgo estructural conocido: sobrerrepresenta a la población con acceso activo a internet, lo que implica una subrepresentación relativa de zonas rurales, adultos mayores y sectores de ingreso más bajo sin conectividad estable. Los números absolutos deben leerse con esa cautela.

Sin embargo, el verdadero valor del instrumento no está en una fotografía puntual sino en el seguimiento mes a mes. Si el sesgo es constante, que en este caso lo es, porque el perfil digital captado es estructuralmente el mismo cada mes, entonces los movimientos entre mediciones reflejan cambios reales de opinión. Un termómetro descalibrado igual detecta la fiebre. Y lo que esta serie de tres meses detecta es inequívoco: la erosión es real, es sostenida y avanza en los segmentos que menos podía Delcy Rodríguez permitirse perder.

Administrar el poder es relativamente sencillo cuando se tienen los instrumentos del Estado. Legitimarlo requiere que la vida de la gente mejore. Y esa es la deuda que estos tres meses de encuestas le cobran al gobierno de Delcy Rodríguez.

Si esto continúa así, su propia base le podría soltar la mano de la peor manera posible, con la decepción de quien hizo su última apuesta de confianza luego de años de haberla perdido. Esa decepción no tiene vuelta atrás, y podría representar un divorcio político más peligroso que el rechazo declarado.

El chavismo quiere seguir controlando. Pero el tiempo le cobra la oportunidad de cambio que la gente vio el 3E. Si ese cambio no llega, se va a exigir. Sin elecciones, es muy difícil que logren representar la conducción del país ante una población que ya no les cree. Las elecciones son necesarias y urgentes. ¿Puede el chavismo evitarlas?

Javier Martucci

Venezuelan electoral consultant and data analyst with over 15 years of experience in campaigns, voter systems, and political statistical analysis across Latin America and Africa.