Muse on the loose

“Damn the torpedoes! Full speed ahead!” Capriles in Caicara del Orinoco.

One way this presidential campaign has already paid off is in the trove of great writing that it’s been inspiring.

First, this magnum opus by Boris Muñoz, first published in Gatopardo, but reproduced in Prodavinci. It’s long, as long (and as good) as anything in The New Yorker, and well worth a read.

The best bit (in Spanish):

“Pocos minutos después fuimos detenidos en un puesto de control de la Guardia Nacional. Hombres con rostros duros, uniformes de verde oliva y armas largas y pistolas, rodearon el microbús. Un sargento de 1.90 de altura y porte temible, tocó violentamente la ventana. Adentro hubo un tenso silencio. Capriles Radonski se levantó de su asiento en el fondo extendiéndole la mano. El hombre lo rechazó mandándole con otro gesto imperioso a volver a sentarse. Era lógico pensar que ordenaría una “inspección exhaustiva” para boicotear el tour. El militar le habló directamente al candidato: “Óigame bien”, pronunció en un tono casi de advertencia. “Tiene que ganar estas elecciones. Lo que estamos viviendo no puede seguir. Las Fuerzas Armadas mantienen su compromiso con la democracia. Así que siga adelante y gane las elecciones…”. El discurso del militar no duró más de 30 segundos. Con la misma intensidad que había entrado salió ordenando a la caravana seguir su camino. Nadie habló del asunto, salvo alguien que dijo que esa clase de situaciones se presentaban con frecuencia con los empleados públicos.”

Then, Leonardo Padrón offers a similar take in his piece, “El Furor,” published in El Nacional. His money quote:

“A quince minutos para aterrizar, el flaco amarra sus zapatos deportivos con doble nudo. “Ya viene la coñaza”, dice en alusión a la vorágine de empujones, arañazos y apretujones que genera su llegada a cualquier lugar.

… Apenas Capriles asoma el rostro en la escalerilla del avión una ráfaga de gritos ametralla el aire. El recibimiento es frenético. Hay un desespero por verlo, tocarlo, entrar en su campo visual. La multitud genera un apiñamiento peligroso. Siento que me aplastan por detrás, por los costados, mi cuerpo va de un lado a otro, pierdo el rumbo, me arrastra la corriente, mis lentes se salen del bolsillo, los atajo a última hora, arrecian los empujones, los gritos, el delirio. A Capriles lo manosean, lo estrujan, lo halan. Todos somos como bultos chocando contra las piedras de un río esquizoide. No creo poder llegar a la camioneta Van que nos sacará del lugar. Un mínimo descuido puede hacer que me quede allí, en mitad de todos y de nadie.”

Finally, on a slightly more depressing note, Girish Gupta writes for Time Magazine about Venezuela’s crime wave. The money quote:

“Kevin’s preferred pastime, however, is to head down to wealthy Caracas neighborhoods, where “everyone has a BlackBerry” and push a pistol into his victims’ sides. “I’ll ask for their phone and money,” he says. “They ask me not to kill them. If they co-operate, they’ll be fine. Sometimes they say no, so boom!”

All three pieces are well worth a read.

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