Recordando transiciones pasadas

(And now for a change of pace: a guest post by my friend, Barquisimetan historian Froilán Ramos. In Spanish)

Los días que vivimos recuerdan los que causaron la ruina de la Primera República de Venezuela o los que preludiaron la sangrienta, ruinosa y retrasante Guerra de la Federación. Más todavía, recuerdan todos los que sucedieron a las muchas tiranías que han afligido a nuestro país, sin que supiéramos afianzar nunca las libertades conquistadas […]

Alberto AdrianiCaracas, abril de 1936.

El año 1936 se iniciaba en Venezuela con un panorama complejo y de grandes retos. Éramos un país con una población predominantemente rural, analfabeta, atacada por epidemias y sin ninguna experiencia democrática cercana; un país con pocas y pequeñas universidades; un país con una joven economía petrolera, aún desconocida para la mayor parte de las personas; un país que tras veintisiete años de gobiernos personalistas y autoritarios, encarnados en la figura de Juan Vicente Gómez, se había habituado a los cambios de constituciones (1909, 1914, 1922, 1925, 1928, 1931) y a ver a Jefes Civiles, primeras autoridades locales, e incluso al Ejército Nacional como extensiones serviles del poder unipersonal del Benemérito.

La frase del gomecismo fue “Gómez Único”. Muerto Gómez en diciembre de 1935, el primer problema fue la sucesión en el gobierno.

Se asumió lo establecido en la Constitución vigente, la de 1931, según la cual, de los ministros del gabinete, se debía votar entre ellos mismos por la persona que asumiría como presidente encargado hasta tanto el Congreso Nacional eligiese al presidente constitucional. Fue elegido por los ministros el general Eleazar López Contreras, quien se desempeñaba como ministro de Guerra y Marina desde 1931.

Este hecho tiene sentido por varias razones. Uno, en el país no existían partidos políticos como tales, por lo que no había ninguna fuerza civil organizada que pudiese representar una alternativa de dirección política. Dos, el régimen militar personalista de Gómez había basado su poder efectivo en el Ejército Nacional como fuerza represiva interna contra los viejos caudillos, por lo que en la práctica, mas no en la leyes, quien controlase el Ejército controlaba el poder político. De allí que surgiera de sus filas el gobernante posterior al anciano dictador.

Los últimos días de diciembre de 1935 y los primeros días de 1936 fueron de tensión política y agitación, principalmente en Maracay, ciudad desde la que Gómez ejerció el poder, y en Caracas, la capital de la República. El primer obstáculo para el general López Contreras como presidente provisorio fue el conjunto de aspiraciones de continuación del régimen gomecista, encarnadas en la figura del “general” Eustoquio Gómez, primo del difunto y Presidente del Estado Lara.

Eustoquio Gómez viajó en diciembre de 1935 a Caracas, ciudad en la que murió en una disputa personal. Desaparecido el aspirante más visible del gomecismo, López Contreras, decidió trasladar al resto de la familia Gómez fuera de Maracay y Venezuela, como una forma de protegerles a ellos mismo. Cabe recordar que a los días siguientes a la muerte del anciano gobernante, la población se abalanzó sobre sus propiedades y sobre los bienes de connotados servidores del gomecismo.

Durante los primeros meses de 1936, López Contreras y los ministros se trasladaron a Caracas, donde el Congreso Nacional lo eligió como presidente constitucional por un periodo de siete años. López Contreras juró ante el parlamento e hizo un llamado a la “calma y cordura”, sus palabras más famosas. Sin embargo, la población estaba agitada en la calle. Por vez primera hubo un llamado a huelga de los obreros petroleros, y regresaron exiliados al país de todas las edades y tendencias políticas. El escenario político y social era muy complejo: los que tenían la mayor experiencia administrativa eran los viejos funcionarios gomecistas, las únicas instituciones con presencia nacional en el país eran la Iglesia Católica y el Ejército, la estructura operativa del gobierno se había (mal)acostumbrado al personalismo de Gómez desde Maracay, y por lo tanto no había noción de institucionalidad ni de seguimiento de leyes.

De igual modo, se encontraban todo un cúmulo de aspiraciones encontradas entre sí. Por un lado, estaban los antiguos gomecistas con aspiraciones de conservar sus cuotas de poder. Por otro lado, algunos viejos caudillos, sobrevivientes de las luchas caudillescas de fines del siglo XIX y comienzos del XX, aspiraban a liderar los cambios. Por otro lado aún estaban los jóvenes políticos civiles que aspiraban al establecimiento de la democracia, de respeto a las libertades ciudadanas, de prensa y derechos políticos, que comenzaban a fundar organizaciones políticas y que exponían sus ideas en las prensa

Por último se encontraba el Ejército, una institución que había alcanzado una novedosa operatividad nacional, pero en la que internamente convivían viejos militares sin formación sistemática que habían sido leales al mando personal de Gómez con jóvenes oficiales egresados de escuelas militares. Éstos a su vez representaban dos tendencias contrapuestas, una de orientación profesional-institucional, y otros, la mayoría, de orientación pretoriana.

En este sentido, el gobierno de López Contreras tuvo que coexistir con todas las tendencias ideológicas y aspiraciones políticas de una Venezuela que daba sus primeros pasos hacia formas más racionales de participación política.

Entre los aspectos importantes de esta transición estuvo el llamado realizado por López Contreras a formar parte de la administración pública de civiles especializados en diversas materias. López reunió a hombres con experiencia, como los doctores Estaban Gil Borges y Caracciolo Parra Pérez, con jóvenes intelectuales, algunos formados en el exterior, como Alberto Adriani, Mariano Picón Salas, Arturo Uslar Pietri y Manuel Egaña, que desarrollaron una relevante labor institucional y organizativa del Estado venezolano, en áreas de la hacienda pública, la educación, la sanidad, la cultura, la inmigración.

Aunado a lo anterior, un aspecto de suma relevancia lo constituyó la elaboración y ejecución de un plan de gobierno, el llamado “Programa de Febrero”, en el que colaboraron mentes formadas en áreas diversas. Este programa representó el primer plan de trabajo general de la administración pública durante el siglo XX, en el cual se reunieron los puntos fundamentales de fomento al desarrollo y el cual otorgó dirección y rumbo al gobierno.

En julio de 1936 se promulgó una constitución nacional que redujo el periodo presidencial a cinco años, y que fue asumido por López Contreras, reduciendo así su propio mandato. Esto no dejó de ser interesante pues había sido elegido bajo el marco constitucional anterior, por lo tanto no estaba sujeto directamente a la nueva normativa. Asimismo, con esta Carta Magna se garantizan algunas libertades básicas como de prensa, de reunión, y de derechos políticos ciudadanos que permiten fundar organizaciones políticas, entre otras.

Por otra parte el gobierno de López Contreras si bien permitió cambios políticos graduales y de mayor apertura democrática, también conservó algunos visos de autoritarismo. Mantuvo asimismo el culto estatal a la figura de Bolívar, las limitaciones y cautelas con respecto tanto al radicalismo como al comunismo, prohibido legalmente, y se produjo la expulsión de algunos dirigentes políticos como Rómulo Betancourt y otros.

Ahora bien, esto debe explicarse y entenderse dentro del contexto mundial y nacional de la época. En los años treinta se arroja la sombra la de revolución rusa de 1917, con todos los desmanes que conllevó la guerra civil en ese país. Otros ejemplos más cercanos lo constituyen la cruenta Revolución mexicana y la Guerra Civil española que se desarrollaba en estos años, por lo cual los temores de guerra civil en Venezuela eran fundados.

En suma, la experiencia histórica puede aportar lecciones valiosas a las naciones y a sus ciudadanos. En particular la transición en el periodo de López Contreras en Venezuela, iniciado en 1936, tuvo varios aspectos resaltantes. Tanto el “Programa de Febrero” como la participación de civiles capacitados en áreas específicas, la integración de talentos experimentados y jóvenes en conjunto, el llamado al entendimiento, la exposición de ideas en la prensa, la organización política de la ciudadanía, capaz de reunir y representar sus aspiraciones, y la institucionalización de las Fuerzas Armadas constituyeron aspectos relevantes de esta transición.

Uno de los mayores éxitos de los venezolanos del 1936 fue el evitar una guerra civil. Al contrario de lo sucedido en México luego de Porfirio Díaz, se logró en Venezuela el realizar cambios progresivos a formas más racionales de participación política de manera pacífica.

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