Las tareas pendientes en política exterior del futuro gobierno democrático
Un delicado juego global espera a un eventual gobierno de transición, que tendrá que lidiar con una FANB formada en la era chavista


Volvemos a la conversación con la bola de cristal. La última vez concluimos que, si la actual oposición llegara a formar un gobierno sin el chavismo, la FANB seguirá siendo un actor central de la vida política, y que incluso un estado mayor sin rostros sin carteles de Se Busca en EEUU buscará seguir administrando el largo portafolio de negocios y presupuestos que pudieron conseguir durante el chavismo, y seguirá apelando, así sea retóricamente, al bolivarianismo para legitimar la defensa de dichos intereses materiales.
Esto deja en una situación incómoda a la oposición-devenida-gobierno. Por un lado, deberá pagar con creces los favores recibidos de EEUU, verdadero responsable de la transición en Venezuela. Pero, al mismo tiempo, la FANB seguirá teniendo la mano sobre el freno de emergencia de la transición.
Los militares comprenden que Roma no paga traidores, y que si abren la oportunidad, EEUU querrá oficiales que le hagan caso. Por ello no permitirán que se rompan o diluyan los lazos que hoy atan a Venezuela con Rusia y China, puesto que esos vínculos ayudarían a cualquier camarilla militar a evitar que le hagan lo que le hicieron a sus predecesores.
Por tanto, la ex-oposición no puede ni favorecer demasiado a las FANB, sin correr el riesgo de sufrir sanciones económicas y políticas de Washington; ni puede favorecer demasiado a EEUU sin arriesgarse a que la FANB destituya al nuevo gobierno. Pero hay un tercer y último riesgo: que EEUU y la FANB reconozca que no necesita ni a María Corina Machado ni al G4 en un nuevo régimen donde ambos salgan beneficiados, porque Venezuela deja de ser problema hemisférico y habilita los negocios en petróleo y minería, y Estados Unidos permite a la FANB continuar los negocios que el chavismo les dio.
Por tanto, la oposición tiene que empezar, desde ya mismo, a demostrar por qué es necesaria e indispensable tanto para EEUU como para la FANB para asegurar que la transición lleve a una democracia efectiva. Esto implica que la oposición debe empezar a debatir temas que ocasionen eventuales roces entre EEUU y la FANB.
Inversión en defensa
La inversión en defensa no implica sencillamente comprar armas. Es comprar también sus repuestos, el mantenimiento del equipo, las licencias, el software, la experticia técnica de los proveedores. Los Estados pueden reemplazar por entero todo su equipamiento militar si se viesen en la obligación, pero con costos altísimos que Venezuela con su economía actual no podría asumir sin sacrificar otras exigencias económicas, como aquellas requeridas para superar la crisis humanitaria.
La oposición tiene que mostrarle a la FANB la madurez de encarar una política exterior que ponga primero a la soberanía nacional y el bienestar popular antes que compromisos ideológicos irracionales
Si en una transición EEUU exige al ministerio de Defensa romper la dependencia tecnológica que atan a la FANB a proveedores rusos, chinos e iraníes, para volver a proveedores estadounidenses para favorecer su industria y reducir los riesgos geopolíticos de tener al otro lado del mar Caribe a una Venezuela equipada con misiles antiaéreos rusos S-300VM o drones iraníes, la FANB vería que eso significa entregar su seguridad a EEUU.
Obviamente existe hoy un amplio despliegue de proveedores occidentales alternativos a EEUU. Pero a corto plazo, la oposición necesita demostrarle a la FANB y a EEUU que comprende el dilema y puede buscar soluciones.
Política exterior
Mano a mano con el punto anterior está la cuestión de los posicionamientos internacionales que tendrá la Venezuela post-chavista. Un gobierno de EEUU trumpista demandará de la ex-oposición el mismo alineamiento que ha tenido con Bolsonaro, Bukele y Milei. De hecho, este tipo de posicionamientos serán clara y altamente retribuidos en las urnas por los venezolanos que tienden a la ultra-derecha por el trauma cultural que el chavismo deja marcada con la diáspora y la crisis humanitaria. No obstante, a la FANB probablemente no le resultará en absoluto aceptable.
Nuestras fuerzas armadas no habilitarán ni la reducción del comercio con China o Rusia, aun cuando no tengan problema —pues en este preciso instante no lo tienen— con que capitales estadounidenses se asienten en el país. El problema no es la convivencia de capitales, sino perder el salvavidas oriental. Capaz se encuentren menos reacios a redefinir sus relaciones con el Medio Oriente, aunque sigan exigiendo la denuncia del genocidio en Gaza y el distanciamiento internacional con Israel como criterio para medir la confiabilidad en política exterior de la ex-oposición.
Respecto a América Latina, las líneas rojas serán menos claras. EEUU habilitará y exigirá el retorno de Venezuela a la OEA, pero probablemente la FANB mire con recelo a la organización, especialmente por la época en que Luis Almagro la encabezaba. Simultáneamente, EEUU tendrá poco interés en que Venezuela vuelva al Mercosur, pero la FANB podrá exigir fortalecer nuevamente nuestro vínculo con este bloque de integración regional, específicamente para reconstruir nuestros lazos comerciales con las dos principales economías de la región: Argentina y Brasil.
Cuba, como lugar simbólico, seguirá existiendo, si bien su influencia sobre Venezuela es cada vez menor; por lo que la FANB no aceptará una ruptura explícita. Lo mismo decimos del lazo con la Nicaragua de Daniel Ortega, con la que nada gana ni nada pierde Venezuela. Contrario ocurrirá con Bolivia, donde el MAS de Evo Morales probablemente no vuelva al poder en el mediano o largo plazo. Pero incluso allí, si se volviesen a constatar situaciones de violaciones de derechos humanos a poblaciones indígenas como durante el gobierno de Jeanine Áñez, la FANB podrá exigir una postura más crítica que la que en su momento tuvo el gobierno interino de Guaidó.
También resultará distinto el caso brasileño. Nuestro vecino al sur no sólo tenderá a ser nuestro centro de gravedad económico en la redemocratización, sino que lo será bajo la dirección de un Lula que, si no se proyecta a sí mismo en la presidencia, sí proyectará el recambio con un nuevo candidato del PT. Lula, como presidente, mantiene un claro pragmatismo al momento de dialogar con la oposición y el PSUV en la búsqueda de una redemocratización; el PT, no obstante, es una organización más ideologizada y leal a su hermano, el PSUV.
La oposición debe demostrar comprende los desafíos geopolíticos de la Venezuela del mañana, y que, contrario a la imagen que ha construido de alineamiento subordinado a Estados Unidos y las derechas regionales, podrá ser un actor pragmático, confiable y hasta con lugares comunes con la FANB.
Si en la Argentina de 2027 Milei no es reelecto, un peronismo que también oscila entre sectores pragmáticos respecto a Venezuela y sectores más ideologizados en favor al PSUV forzaría a Machado a encontrar lugares comunes para el diálogo y negociación con las fuerzas de nueva izquierda con los que podrá convivir como gobierno en el futuro.
Finalmente, queda contemplar a Colombia. Acá, por un lado, la permanencia o no de la línea de Gustavo Petro en los próximos años. Recientemente se posicionó en contra de una posible intervención de Estados Unidos a Venezuela en el marco de la lucha contra el Cartel de los Soles. No obstante, esto que en apariencia puede parecer un posicionamiento ideológico, es profundamente pragmático. Una intervención de esta índole de EE.UU. en nuestro país puede marcar un precedente jurídico internacional para otras intervenciones de la potencia norteamericana en países como Colombia, México y vecinos centroamericanos también afectados por la cuestión del narcotráfico. Esto podrá ser un activo que la FANB quiera explotar, exigiendo a la ex-oposición formas de colaboración de la izquierda colombia, que, bajo la razón expresa de una defensa de la soberanía de ambos países, sirva a la FANB para construir un marco legal con el cual proseguir negocios ilegales con grupos narcotraficantes y además, revisitar el vínculo con las FARC en la frontera.
Ahora, en caso de retorno de alguna expresión neo-uribista al gobierno, la FANB tendrá incentivos para exigir a la ex-oposición enfriar sus vínculos desde el Estado con la derecha colombiana. Esto, contrario a intereses estadounidenses, posiblemente sea la cuerda más floja en la que se balanceará el futuro gobierno democrático. Es allí donde se tramitarán temas sensibles para los intereses materiales tanto de la FANB y de EE.UU., concretamente la subordinación o no a un nuevo esquema de poder nacional e internacional de los grupos guerrilleros y economías ilegales fronterizas entre Colombia y Venezuela. La reciente propuesta de Petro y Maduro de construir un espacio binacional entre ambos países es una cuestión de la cual la oposición necesita ya formarse una opinión no ideologizada, sino pragmática, observando sus posibles beneficios y límites, y asentar una posición propia que pueda abonar a la construcción de un sano vínculo entre los distintos actores que cruzan intereses alrededor de nuestra frontera.
Y en esto, justamente, debe aprender del caso de Milei, quien luego que prometió romper con el Brasil de Lula o con China, varios choques de realidad lo forzaron a moderarse. La oposición tiene que mostrarle a la FANB la madurez de encarar una política exterior que ponga primero a la soberanía nacional y el bienestar popular antes que compromisos ideológicos irracionales, aunque eso traería una situación difícil con el trumpismo.
El problema de los temas que quedan afuera
En una transición, a un Estados Unidos con Trump a la cabeza le importará poco o nada que en Venezuela se establezcan juicios y sanciones a los militares y civiles responsables de las violaciones de derechos humanos; poco o nada que se avance en una agenda contra el narcotráfico (pues, la persecución del llamado Cartel de los Soles tiene más que ver con justificar legalmente las acciones contra el chavismo que con efectivamente acabar con un grupo narcotraficante); poco o nada con la pérdida de capacidad estatal en las fronteras o Guayana (y más bien, le convenga esa pérdida de capacidad, pues legitima implantar sus propios agentes de seguridad regulares e irregulares en la zona, para defender la actividad de sus capitales mineros); y poco o nada la preservación de la biodiversidad de ese mismo Amazonas cuyos capitales hoy avasallan.
Estos temas sólo serán negociados si los trae la oposición. Pero si lo hiciese, probablemente sería echada de la mesa de negociación, y terminaría de confirmar que es solo un estorbo en un posible acuerdo de convivencia directo entre EE.UU. y la FANB. ¿Qué hacer entonces?
La oposición, como dijimos en otro momento, necesita que la futura democracia se encuentre con el músculo del debate político ya ejercitado. Pero esto no puede ser solo hacia dentro de la propia oposición, sino también con aquellos remanentes aún-democráticos-del-chavismo. Y además, debe hacerlo de cara al público y a la FANB.
La oposición debe demostrar desde ahora mismo que comprende los desafíos geopolíticos de la Venezuela del mañana, y que, contrario a la imagen que ha construido de alineamiento subordinado a Estados Unidos y las derechas regionales, podrá ser un actor pragmático, confiable, e inclusive, con lugares comunes con la FANB.
Pero los debates y la imagen que pueda construir no valen de nada si no las acompaña con un segundo factor: la actual oposición en su devenir alternativa de gobierno, debe poder convertir la capacidad de movilización callejera y electoral que ha demostrado tener, en una organización nacional y popular con la cual ganarse voz y voto en la mesa de la transición junto a EEUU y la FANB. Una capacidad organizativa con la cual ser capaz de amenazar tanto a uno como otro lado de impedirles alcanzar la continuidad estable de sus negocios e intereses si no son tomados como un actor al que también hay que rendirle cuentas en la transición.
¿Cómo construir una organización de este tipo, que la actual FANB ayuda a impedir en este momento al participar en la represión? Eso será un debate para otro día.
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