Cuánto necesita Estados Unidos el petróleo venezolano
¿Tiene algo que ver la Operation Southern Spear con las reservas de la Faja? El profesor Francisco Monaldi explica el potencial de la relación petrolera entre los dos países

Un viejo cliché está agarrando vuelo dentro de la avalancha incesante de contenido sobre la aparente presión militar de la administración Trump sobre el régimen chavista: que Estados Unidos lo que quiere es apoderarse del petróleo venezolano. Como los buenos mitos, tiene su punto de verdad, sus bases en la historia latinoamericana con EEUU, y cuadra en el gran relato de clásicos de la izquierda recién descubiertos por jóvenes lectores norteamericanos como Las venas abiertas de América Latina, que reducen todo a una historia eterna en la que inocentes repúblicas pacíficas son arrasadas por tiranos de piel blanca sedientos de minerales.
Como era de esperarse, el chavismo, que ya decía que Venezuela era una colonia de EEUU antes de llegar al poder, denunció ante la OPEP que Trump va por las reservas y que la ofensiva desestabilizará el mercado energético. Naturalmente omitió que la única petrolera realmente activa en Venezuela es estadounidense, Chevron, y que según el New York Times, él mismo ofreció a Trump condiciones inmensamente ventajosas para aprovechar el petróleo venezolano a cambio de que lo deje permanecer en el poder.
Sí, Trump parece en muchos aspectos salido de una caricatura antiimperialista, y sí, Venezuela tiene las mayores reservas de crudo, como muchos de los comentarios sobre el país se encargan de recordarle a la audiencia extranjera en estos días. Pero eso tiene sus matices, y lo que importa es cuánto puede dar Venezuela y cuánto de verdad le interesa a EEUU.
¿Qué significan hoy esas reservas de la Faja Petrolífera del Orinoco para Venezuela y para EEUU? ¿Hasta qué punto querría EEUU echar mano a ellas y por qué necesitaría sacar al chavismo de en medio para eso? Consultamos a uno de los mayores expertos en el mundo sobre el petróleo venezolano, Francisco Monaldi, director del Latin America Energy Program del Baker Institute en Rice University.
¿Por qué la industria petrolera ha orientado su foco de extracción hacia el crudo pesado que se saca de la Faja?
Venezuela tiene muchísimos recursos extrapesados en la Faja del Orinoco y reservas relativamente limitadas de crudos medianos y livianos en la cuenca del Lago de Maracaibo y el norte de Monagas. La caída de los campos de Monagas ha sido muy significativa, y para compensar la pérdida de producción se desarrolló la Faja, activa desde la época de la apertura petrolera en los años 90, cuando se desarrolló la tecnología para que los costos de extraer allí fueran razonables para los precios del petróleo en aquellos años, que eran mucho menores a lo que fueron después, cuando la Faja se hizo mucho más atractiva. Hoy en día, casi 60% de la producción petrolera de Venezuela viene de ahí. Lo que pasa con ese crudo es que requiere esfuerzos adicionales porque es pesado. Sólo fluye hasta la superficie un 8%, comparado con el 50% de lo que fluye con un crudo convencional. Una vez que está en la superficie tienes que hacer algo para mover ese crudo pesado por un oleoducto hasta el Complejo Criogénico de Jose o los puertos. Cuando tienes mejoradores que producen diluyentes puedes hacer un circuito cerrado en el que es más fácil transportar ese crudo tan pesado; cuando no, tienes que traer diluyentes de afuera cada vez que lo quieras exportar. Esas complicaciones se pueden solucionar, y la Faja podría producir mucho más crudo, más que los campos en el resto de Venezuela, más pequeños, en declinación y que requieren mucha más inversión. Por eso la Faja es el futuro de buena parte de la producción petrolera de Venezuela.
¿Para usted qué tan cierto es que, por geografía y por la composición del crudo disponible, EEUU debe entenderse como socio natural y destino principal del crudo venezolano?
Ciertamente las refinerías en Texas y Louisiana invirtieron mucho en la capacidad de procesar crudos pesados como el maya de México, el Hamaca y el Merey 16 de Venezuela, y algunos de Brasil, Colombia y Ecuador. Pero luego los crudos mexicano, ecuatoriano, colombiano y brasileño han caído, y se ha complicado mucho el suministro de crudo pesado desde América Latina. El crudo extrapesado canadiense podría suplir eso, pero como no se construyó el oleoducto Keystone XL, que podía llevar 800 mil barriles diarios, no puede llegar a Texas y Louisiana desde las arenas de Alberta. Así que las refinerías están usando más crudo liviano, que es más costoso en el mercado, y permanece ociosa parte de su capacidad instalada. Esto significa también que si subiera la producción de crudo pesado en la Faja habría apetito por importarlo por parte de esas refinerías, que antes importaban medio millón de barriles diarios de crudo venezolano, y hoy tienen sólo lo que exporta Chevron, que en este momento son 120 mil barriles diarios. Incluso se podría imaginar uno que el crudo de la Faja podría tomar incluso más mercado. Venezuela no va a poder exportar todo ese crudo pesado sólo a EEUU. En cualquier escenario tiene que exportar bastante a India y China, pero es cierto que es muy atractivo para Venezuela exportar a EEUU, que está cerquita y tiene esa demanda, y que hay interés de EEUU en que Venezuela lo haga.
Así que la idea de que EEUU necesita crudo venezolano es cierta, por ese lado, aunque hasta cierto punto. En el presente, EEUU es un exportador neto de crudo. Ya no es el país del siglo XX, que importaba muchísimo petróleo, y llegó a consumir unos dos millones de barriles diarios de petróleo venezolano. Desde que explota sus campos en Texas en 2006, ya no necesita importar tanto. De hecho ve a los productores de la región en parte como competidores, no como fuentes que debe asegurar como era en el pasado.
Pero aún así, cuando necesita importar, necesita crudo pesado. Y sí le interesa extraer petróleo en Venezuela, por las ganancias que eso significa para petroleras estadounidenses, y porque Venezuela, como Canadá, puede ser una fuente de suministro más estable y cercana que los países del Golfo, que concentran tanta producción y tienen tanto control sobre el mercado, son más remotos y tienen inestabilidad regional. Por eso EEUU quiere que se produzca más petróleo en Venezuela, no porque necesiten importarlo como antes.
Si las empresas estadounidenses pueden reconstruir la industria petrolera venezolana como María Corina insinúa, ¿qué tan factible es esta reconstrucción? ¿Cuánto tiempo podría tomar esto y cuáles serían objetivos razonables en un periodo de 5 años?
Se puede recuperar si todo se alinea: cambia el marco institucional, no hay sanciones, el precio está por encima de 50, si hay estabilidad política. Ahí se podría invertir muchísimo en la Faja y podría subir la producción sustancialmente. Hay muchos cuellos de botella: la gente que sabía de petróleo se ha ido, la infraestructura está muy mal, muchas empresas de construcción y servicios han cerrado, pero sería factible desde el punto de vista técnico subir la producción a 3 millones en unos 10 años. En al menos cinco años podría llegar con suerte a 2 millones. Ahí sería instrumental tener empresas como Chevron, Conoco, Exxon, que tienen experiencia en crudo extrapesado y que no están como las europeas, como Shell o BP, queriendo salir para cumplir con estándares ambientales, porque en efecto extraer, procesar y extraer el crudo pesado implica más emisiones de CO2. Sí hay una posibilidad muy importante de inversión y las empresas estadounidenses son las mejores del mundo para eso, además de algunas europeas como Total y ENI, o de China o India. Todo eso requiere credibilidad, nuevo marco institucional, y una relación buena con EEUU y Europa.
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