Nuevas primarias para una encrucijada inédita
La situación creada por la incursión militar estadounidense remueve no sólo el equilibrio del régimen chavista sino las necesidades de la oposición de cara a la elección que vendrá

A dos meses del 3 de enero, el país se encuentra en una encrucijada inédita con tres actores políticos principales: el régimen chavista, el gobierno de Estados Unidos y la oposición venezolana.
El chavismo ahora está bajo una situación sin precedentes en sus largos 27 años de control político (y social y económico). Está sometido a la presión de Estados Unidos para ir a una transición, y a la vez intenta contener las presiones que existen a lo interno de su propia estructura.
Estados Unidos, por su parte, está tratando de conducir una transición en Venezuela que sea potable para su política interna y externa, con la ascendencia que le da la captura de Nicolás Maduro y Cilia Flores tanto sobre el régimen como sobre la oposición.
Y la oposición ha entrado en una situación de conflicto no declarado. En pocos días, el tablero opositor se ha movido de forma inimaginable, con la sensación de inacción de María Corina Machado, la irrupción de Enrique Márquez en el discurso del Estado de la Unión, y el resto de la oposición reevaluando sus opciones.
Lo inevitable entre lo incierto
La ruta hacia la transición en este momento es incierta. El régimen busca un equilibrio entre satisfacer las demandas de Estados Unidos, evitando en lo posible deteriorar sus equilibrios políticos y económicos internos. También sigue avanzando aceleradamente en su control sobre el proceso, y cada día se van conociendo más y más aristas de cómo va fijando directrices a los hermanos Rodríguez, como por ejemplo la visita esta semana del Secretario del Interior Doug Burgum.
El mundo opositor parece sufrir un importante terremoto, sobre todo, a partir de la práctica desaparición de María Corina Machado de la opinión pública, y más recientemente, del “efecto Márquez” cuyo impacto a mediano o largo plazo está todavía en entredicho. Donde sí hay un consenso es en la necesidad de una nueva elección. Marco Rubio, María Corina Machado y ahora Enrique Márquez están en la misma línea: debe haber unas nuevas elecciones que legitimen la transición política. En el caso del Rodrigato, podemos intuir qué piensan al respecto.
Si el proceso de unas primarias de la oposición está bien administrado, puede inducir el reencuentro de las distintas fuerzas opositoras en un objetivo común y superior.
Hasta hace pocos días, podía ser fácil argumentar que la candidata presidencial de la oposición debía ser Machado. Al fin y al cabo, los resultados del 28J se deben fundamentalmente a su liderazgo, y ella hubiera sido la candidata presidencial si el régimen entonces bajo el control de Maduro lo hubiera permitido.
Pero la aparición de Márquez en Washington DC y su rueda de prensa posterior mostraron que este “cisne negro” zuliano podría estar actuando bajo la anuencia tanto del Rodrigato como de la administración Trump. Así lo demuestra que Márquez haya sido invitado al discurso de Trump, o las expresiones del primero sobre un aliado tan cercano a los hermanos Rodríguez como lo es José Luis Rodríguez Zapatero.
Por ello, no sólo parece que tarde o temprano iremos a una elección. También parece que, a día de hoy, podríamos ir a una elección con al menos dos candidatos en el lado opositor.
Ese sería el sueño del Rodrigato.
Nuevas primarias
En tiempos de crisis de legitimidad y representatividad, lo que corresponde es mirar al soberano: ocurrido lo ocurrido, parece necesario que se convoquen nuevas elecciones primarias para elegir un candidato opositor, sea quien sea el candidato del Rodrigato, en las elecciones presidenciales que deben ocurrir dada la ausencia absoluta de Maduro.
Una nueva elección para elegir al candidato presidencial opositor sería una forma de encarar a varios elefantes en la habitación. El primero es la necesidad de plantear claramente a los otros dos actores (régimen y Estados Unidos) un calendario electoral que no debe prorrogarse innecesariamente. El segundo es la conveniencia de unificar y cohesionar a los aparatos partidistas. Si el proceso está bien administrado, puede inducir el reencuentro de las distintas fuerzas opositoras en un objetivo común y superior.
Otro elefante que está sacudiendo el estrecho espacio público venezolano es la urgencia de reiniciar la movilización de ciudadanos alrededor de una iniciativa política concreta. Finalmente, esas primarias pueden de nuevo permitir ir a una elección presidencial con un solo candidato, que evite que el régimen promueva varias candidaturas “opositoras” para dividir al electorado.
Las primarias para elegir a Henrique Capriles como candidato para las elecciones presidenciales de 2012 y las primarias para elegir a María Corina Machado para las elecciones presidenciales de 2024 fueron buenos precedentes para resolver acertadamente varios problemas políticos en ambas ocasiones: mirar al soberano (casi) siempre es una buena idea.
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