Cómo la victoria de José Antonio Kast impacta a los venezolanos en Chile
El abogado y asesor de migración venezolano Gabriel Cardozo Acosta explica desde el terreno los matices en torno a los cambios legales y los casos de xenofobia

El líder de los republicanos de Chile, José Antonio Kast, ganó con casi 20 puntos de ventaja la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Chile, sobre la candidata de izquierda Jeanette Jara. Kast circula en la misma órbita internacional de Donald Trump, Jair Bolsonaro y Javier Milei (y de María Corina Machado). Cabía preguntarse si su gobierno, que arranca en marzo de 2026, implicará un endurecimiento de las condiciones de ingreso y de residencia para los cientos de miles de venezolanos en ese país, donde se ha comprobado la presencia del Tren de Aragua y ha habido incidentes serios de xenofobia, tanto en las fronteras como en las ciudades principales como la capital, Santiago.
Pero como una cosa es lo que se ve de lejos y otra lo que en realidad ocurre en el lugar (como pasa, para empezar, por Venezuela), hablamos con alguien que conoce el problema muy de cerca: el abogado y asesor de migración Gabriel Cardozo.
Desde afuera tenemos la imagen de que hay mucha xenofobia en ese país, sólo comparable a la que se ha visto en Perú y Ecuador. Xenofobia que ha crecido con el tema Tren de Aragua y que se ha manifestado en varios casos muy tristes. ¿Cuál es tu percepción sobre cómo los chilenos ven a los venezolanos, y sobre el impacto que la migración venezolana ha tenido en Chile?
Como país receptor de la migración venezolana, Chile ha sido muy acogedor para quien respete la ley y no creo que debemos afirmar que es un país xenofóbico. Efectivamente hay que distinguir las fases del desarrollo de la sensación de xenofobia, producto de las distintas características de las oleadas migratorias, pero realmente el rechazo no es contra el migrante sino contra conductas que no se ajustan al orden de una sociedad, sus valores, sus creencias y su cultura. Por ejemplo, música a alto volumen en sitios no adecuados, o en detrimento de la tranquilidad de los vecinos. Esta costumbre de una minoría de la oleada de venezolanos que han llegado en el último año, ingresando por pasos no habilitados, ha generado una fricción muy fuerte. Pero no por ser migrantes, sino por ser disruptivos, pues se creen además que pueden venir a instaurar su desorden como regla de convivencia.
La migración venezolana de los años 2015 al 2019 fue recibida en Chile con solidaridad, apoyo, comprensión y un nivel inmensurable de caridad de los chilenos. Esta última es una migración ordenada, profesional o no, pero con ánimo de contribuir y adaptarse a la cultura chilena, sin dejar de ver su propia identidad cultural pero partiendo de la base del respeto. No dudo que puedan existir brotes aislados de xenofobia, pero eso sería una falla de quien manifiesta esa fobia, no del conglomerado chileno.
Puedo afirmar que los chilenos reconocen que la migración venezolana preparada, estudiada y sana, de la primera oleada migratoria a Chile, ha venido a fortalecer el desarrollo social, económico, político y humano del país.
En segundo lugar, el aumento de miembros del Tren de Aragua en Chile y de la migración que viene a delinquir, asociado no con una forma de ingresar a Chile sino con que fueron enviados por gobiernos de izquierda especialmente el de Maduro, ha marcado una posición de rechazo absoluto, no por xenofobia sino de oposición al desorden y la delincuencia. Después del estallido social en Chile en 2019 a la población, las fuerzas de seguridad y la clase política les costaba asimilar que los disturbios tenían que ver con el Tren de Aragua. Por el contrario, seguían pensando que era un tema ocasional, y tuvo que pasar más tiempo y desbordarse la delincuencia, e inclusive suceder el asesinato del teniente Ojeda, para que asumieran que la infiltración de personas vinculadas al Tren de Aragua era una realidad.
A pesar de ello, Chile sigue generando oportunidades para los migrantes. Tiene la más fluida inserción de los migrantes al registro electoral para procurar su derecho al voto sin mayores requisitos, por ejemplo. Los mecanismos de inserción laboral, educacional y en el área de la salud han avanzado, y hay un reconocimiento legal del acceso de los migrantes a tales derechos. Tienen las fallas propias de insuficiencia de los sistemas latinoamericanos. El extranjero padece y goza del acceso a los derechos en la misma medida que lo hace un nacional.
En conclusión, puedo afirmar que los chilenos reconocen que la migración venezolana preparada, estudiada y sana, de la primera oleada migratoria a Chile, ha venido a fortalecer el desarrollo social, económico, político y humano del país. Esto lo afirmo porque veo cómo admiran la capacidad de trabajo, servicio y atención al cliente, la alegría y el optimismo, la solidaridad y la honestidad de la mayoría de los venezolanos. Distinguen además como característica que esa alegría se vive a pesar de la adversidad.
A partir de esa percepción en la población, ¿hay diferencias en cuanto a cómo los sectores políticos ven la migración venezolana? Desde afuera tenemos la sensación de que tanto la izquierda como la derecha promete poner más orden, castigar la migración ilegal, hacer Chile menos hospitalario para los venezolanos, o al menos para nuevos migrantes venezolanos
Sin duda alguna en Chile, la migración se politiza muchísimo y con más razón se siente un auge muy fuerte cuando se entra en período de campaña electoral. Tanto izquierda como derecha quieren siempre aprovecharse del fenómeno migratorio. Esto no quiere decir que quieren hacer de Chile un país menos hospitalario.
La migración venezolana es en la actualidad la mayor en cantidad y coincide en cuanto a que representamos un porcentaje importante del padrón electoral. Chile es uno de los pocos países donde los residentes extranjeros, que son el 5,6% del padrón, votan en comicios presidenciales. Más de un 30% de ese porcentaje somos venezolanos, por tanto definimos sin duda el voto de extranjeros en Chile.
La politización de la migración hace que se ocupen del tema cada cuatro años y en la proporción en que es necesario impulsar la captación del voto migrante.
Por supuesto que la mayoría de los migrantes venezolanos favorecen el voto de centro derecha y derecha. Eso marca el comportamiento de los grupos políticos en Chile. Por ejemplo, en estas últimas elecciones, la izquierda, a sabiendas de que el voto extranjero le perjudicaba, impulsó decisiones legislativas para dificultar el voto extranjero en las siguientes elecciones. Serán ahora diez años de avecindamiento en vez de cinco años. La derecha se opuso férreamente, pero fue la decisión presidencial la que se impuso. En las elecciones hace cuatro años, la izquierda fomentaba el voto extranjero pues los migrantes venezolanos aún no cumplían con los requisitos para votar. El comportamiento de los grupos de derecha fue opuesto, pero con la misma lógica: en las pasadas frenaba el voto extranjero y las recientes luchó porque se mantuvieran las condiciones de participación del voto extranjero.
En conclusión, no hay una preocupación genuina por la situación de la migración en sí misma sino que la politización del fenómeno hace que se ocupen del tema cada cuatro años y en la proporción en que es necesario impulsar la captación del voto migrante. Jara y Kast hablaron del fenómeno migratorio irregular, la vinculación con la delincuencia y el desorden y una posible regularización.
Kast dice que lo que quiere es aplicar la ley. Leyes que, según entiendo, se endurecieron con Piñera y con Boric. ¿Qué sabemos sobre lo que puede cambiar en términos legales frente a los venezolanos allá?
La actual ley migratoria, Ley 21.325 en vigor desde 2022, no permite cambiar el estatus migratorio dentro de Chile excepto en el caso de la reunificación familiar. Para venir a vivir a Chile hay que ingresar con una visa de residencia aprobada con anterioridad. Dado que para los venezolanos no era posible solicitar visas estando fuera, en gran medida por la incapacidad de obtener documentos venezolanos, o simplemente no cumplieron las reglas, aumentó el ingreso por pasos no habilitados. Kast propuso en la campaña sencillamente hacer que se cumpla la ley: exigir esa visa para quien quiera entrar, y sanciones a quienes ingresaron por pasos no habilitados. Lo que se quiere es evitar el desorden generado por el ingreso irregular y la delincuencia asociada a ese fenómeno. Ahora bien, la promesa electoral de expulsar a todo el mundo, sin mirar el caso a caso, es solo para buscar apoyo en el votante chileno.
Ahora bien, lo que sí esperamos muchos es que se reduzca la impunidad y se potencien las facultades policiales para controlar las fronteras y frenar la delincuencia y la inseguridad.
La promesa de Kast es imposible de cumplir por varias razones. Sin relaciones diplomáticas con la dictadura venezolana no se puede negociar la deportación. La actual situación de conflicto con EEUU relega la relación con Chile y otros países receptores de la migración venezolana. Kast tampoco puede tomar medidas que violen los derechos humanos, como expulsar migrantes sin el debido proceso; la responsabilidad jurídica, social, económica y política sería evidente y muy grande, y complicaría sus relaciones con la oposición. La Contraloría de Chile, que tiene un poder jurídico y político mayor al de sus pares en la región, tendría mucho que objetar.
No podemos concluir que venga algún cambio específico con respecto a la migración venezolana. Por el contrario, la ley regula la migración sin distingo de nacionalidades. Ahora bien, lo que sí esperamos muchos es que se reduzca la impunidad y se potencien las facultades policiales para controlar las fronteras y frenar la delincuencia y la inseguridad.
¿Es mayoritaria la proporción de la comunidad venezolana que no está en status migratorio regular en Chile
No, la verdad es que la mayoría de la migración venezolana es regular y caracterizada históricamente por su ingreso por pasos habilitados.
Hay que distinguir entre migrante irregular por su forma de ingreso o irregular por inconvenientes en la obtención de sus documentos en Chile. Son minoría quienes han ingresado por pasos no habilitados. Quienes ingresaron por pasos habilitados y están en condición irregular porque sus documentos se vencieron por fallas en los trámites efectuados o en el propio servicio de migraciones, no están en situación negativa, sus casos se pueden solucionar.
El migrante que ingresó por paso no habilitado, es imposible que se regularice en Chile.
A la migración regular le conviene un control en la migración irregular, para que disminuya la sensación de que la migración en sí es negativa.
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