De cómo Paul McCartney vino a escuchar a Los Mesoneros

La banda de rock venezolana estaba grabando en ese templo que es el estudio Abbey Road de Londres cuando Sir Paul se metió porque le gustó lo que sonaba. Esta es la historia

Hace casi 20 años, con 15 años, cinco panas formamos una banda de rock. Algo poco frecuente hoy en día. Nos juntábamos para hacer canciones, tocar en el colegio, y como casi todas las bandas cuando empiezan, imitábamos.

Nosotros lo hacíamos con los Beatles. Había una canción que era casi un 85% “Let It Be”. Estábamos aprendiendo, imitando a la banda más influyente de la cultura moderna.

Y esa referencia nunca se fue. Cuando hacíamos arreglos, desde el comienzo hasta hace muy poco con mi hermano, siempre aparecían los Beatles. “Haz el bajo más melódico, tipo Paul.” “Haz el beat más Ringo.” “Aquí me imagino una guitarra tipo George.” Era parte del proceso. Y me atrevo a decir que en todas las sesiones de grabación del mundo, en algún momento, se menciona a los Beatles.

Por eso lo que pasó en Abbey Road no fue solo conocer a alguien famoso. Fue otra cosa.

Un año antes, estábamos Juanchi, Calin, Luis, Gara y yo en Londres para la despedida de soltero de Calin. Pasamos por Abbey Road como turistas. Hicimos la foto en el paso de cebra. La clásica que hace todo el mundo.

Un año después pasamos la reja de seguridad.

Entrada de Abbey Road

Entrar a Abbey Road te golpea desde el lobby. Exponen los equipos análogos originales que ya no se usan. Como fan los reconoces de las fotos históricas. Luego los pasillos, las fotos de las grabaciones del score de Star Wars, de The Dark Side of the Moon.

Y entonces entras al Studio 2.

Vista desde las escaleras

Ves las escaleras. Ves las paredes. Y ves los pianos. Había dos. El oscuro con el que The Beatles grabaron “Lady Madonna”. El piano Challen, con el que grabaron “A Day In The Life”. Los toqué los dos. Se ven hasta las marcas de cigarro en la madera. Me gusta creer que una de esas manchas es de Paul. Juanchi hasta los lamió. Le dio por ahí.

Yo no soy de los que creen en energías ni en lugares sagrados. Pero ese lugar se siente diferente. Como si las paredes tuvieran memoria.

Hacer un disco ahí en esta época no tiene ningún sentido práctico. Es caro. Es complicado. La logística es horrible. Nadie lo hace porque sea conveniente. Y por eso es único. No hay nada más mágico que hacer algo que no tiene ninguna lógica.

Paul

Ese día, estábamos preparando la sesión. Yo estaba arriba en la sala de consola, escuchando cómo sonaba todo antes de grabar.

De repente subió Andrea, la esposa de mi hermano Juanchi, y me dijo: “¡Baja ya!”

Lo primero que pensé fue que había destruido algo. Que había roto alguna pieza del templo. Bajé por las escaleras y desde arriba vi a Paul McCartney entrando al estudio.

Bajé directo hacia él. Le di la mano. La suya era extremadamente suave, dato curioso. Llevaba un Patek Philippe en la muñeca. Lo primero que pensé: “soy más alto que Paul”. Siempre me lo imaginé más grande.

Me miró y me preguntó: “Are you the producer?” En segundos tuve que pensar cómo explicarle a Paul McCartney que fui baterista original pero que ya no estoy activo en la banda. Terminé diciendo: “Band member”.

“Band member. Nice!” Y empezó a echar cuentos.

Estaba en el edificio ese día por pura casualidad, a escuchar una remezcla de unos discos de Wings. Normalmente va directo a las salas técnicas. No pasa por el Studio 2. Pero escuchó una banda de rock tocando en vivo. Y eso ya no es común. Se asomó. Se quedó. Escuchó. Estuvo headbanging. En un momento, de manera muy cordial, mencionó que antes la gente vivía más en el presente y no había tantas cámaras. Manera elegante de decir: “no me graben”. Yo por dentro: “claro, lo que digas, Paul”.

Empezamos imitando los Beatles en Caracas con 15 años. Y 20 años después conocimos a Paul McCartney en Abbey Road. El círculo más hermoso que he vivido.

Nos contó historias de cuando era joven. Mencionó a John. Hablaba con su acento de Liverpool en el mismo cuarto donde todo ocurrió.

Para que ese momento existiera tuvieron que coincidir demasiadas cosas. Las agendas de la banda, de Abbey Road, de Morat, de los productores. Y que Paul ese día específico decidiera asomarse porque escuchó rock en vivo. Los propios ingenieros de Abbey Road, los que trabajan su 9-to-5 ahí, nos dijeron: “esto nunca pasa, nunca”.

Aquí el video que se ha hecho viral.

Mientras Paul echaba cuentos, pensé en Juanchi. Mi hermano. El que más merece este momento. Estaba en el baño. Paul se fue justo cuando llegó Juanchi. Le dijimos: “Se acaba de ir Paul McCartney”. Menos mal que no pensó que era broma. Andrea le gritó: “¡Ve ya!” Y lo persiguió. Así Juanchi tuvo su encuentro con Paul. Sin cámaras. Solo ellos dos. 

Le dijo: “La razón por la que estamos haciendo esto es por ti.” Y Paul respondió: “I know.”

Cuando el video se hizo viral, viví el asombro de nuevo. Me escribieron por Instagram, por X, por LinkedIn. Gente que me conoce en contextos completamente distintos, que de repente me veía en ese momento.

Pero lo que más me partió fueron las reacciones genuinas de felicidad. De personas que no conozco, que lo sintieron como propio. Y especialmente los venezolanos. Los que estuvieron desde los bares de Caracas. Los mismos que nos vieron tocar ilegalmente con 15 años.

Conocer a Paul en Abbey Road desbloqueó un sentimiento en mi vida. Pero leer esas reacciones desbloqueó otro. Uno que no esperaba.

Después de tanto esfuerzo, tanto tiempo, tanta distancia y tanta nostalgia, esto se siente como un win para Venezuela.

Y eso vale más que cualquier otra cosa.

Juanchi, Luis y Calin: gracias por dejarme ser parte de esto.

Empezamos imitando los Beatles en Caracas con 15 años. Y 20 años después conocimos a Paul McCartney en Abbey Road.

El círculo más hermoso que he vivido.

Aquí la sesión completa.