Mi título dice abogado, pero realmente soy cambista
La brecha, la falta de mecanismos legales y los controles abrieron una oportunidad de negocios para muchos venezolanos, pero con riesgos

¿En cuánto está hoy?
Este es el mensaje que recibe Juan todos los días a partir de las 9 de la mañana. Muchas veces no importa que sea domingo, feriado, Navidad o Semana Santa. La demanda por bolívares está ahí y Juan está dispuesto a suplirla.
Esto no era así antes. Para julio de 2024, Juan trabajaba en una oficina en Chuao de 8 a 5. Los únicos mensajes que recibía eran de sus jefes directos, de amigos y familia.
De hecho, si le preguntas a Juan sobre su interés por este negocio, te responde que jamás pensó que se dedicaría a esto. Sí, tenía contacto con muchos cambistas, y sí, entendía la teoría económica, pero también sabía los riesgos y no creía tener los recursos para hacerlo.
Pero el panorama cambió a partir del 28 de julio del 2024. Mientras la situación política se tensaba tras las elecciones, en lo económico empezaba a darse un cambio de tendencia. Tras unos años de estabilidad, la devaluación volvió al contexto venezolano ante la posibilidad de nuevas sanciones. Para finales de agosto del 2024, el precio del dólar paralelo se había distanciado del precio oficial o el conocido como dólar BCV (Banco Central de Venezuela), lo que generó una brecha cambiaria.
A la brecha se le sumó la orden del gobierno que obligó a los comercios a cobrar los productos a la tasa oficial. Si el precio está reflejado en dólares, el cambio a bolívares tiene que ser al precio del BCV y no al de Binance o Monitor.
Con esto se generó una distorsión en la economía. En la práctica, los precios eran más baratos en bolívares que en dólares, por lo que el uso del bolívar se disparó, llevando su uso hasta más del 80% de las transacciones cotidianas, según datos de Ecoanalítica.
Juan sabe que una ley de ilícitos cambiarios lo acecha y que el panorama cambió después del 3 de enero.
Así surgió una oportunidad laboral para Juan, que un día en la mañana se dio cuenta que podía ser el puente entre sus familiares y amigos para conseguir bolívares. Al principio lo hizo con una administradora de la oficina que siempre estaba manejando bolívares, pero cuando la demanda fue mayor, tuvo que recurrir a un amigo que ya estaba en el negocio para suplir la demanda.
Dos años después, Juan tiene una estructura montada. Tiene unos proveedores de bolívares y muchos clientes. Él se considera un cambista retail porque no maneja grandes volúmenes como sí hacen otros amigos de él, pero le funciona para darse una buena vida.
Sin embargo, no todo es color de rosas en este mundillo. Sabe que una ley de ilícitos cambiarios lo acecha, sabe que el panorama cambió después del 3 de enero y sabe que hay un futuro que lo obligará a cambiar o modificar su estructura.
Esta es la historia del día a día en el mundo del cambio. La actualidad y expectativas tras el 3 de enero del 2026.
¿Qué tasa manejas?
El día a día de un cambista se resume en dos preguntas:
- ¿Qué tasa estás manejando?
- ¿Cómo pagas?
La primera pregunta hace referencia a la tasa del día en la que se está operando en el mercado. Lo normal es que se use de referencia al precio de Binance para poder negociar entre partes.
Juan explica que esta suele ser la tasa más cara que hay y que lo común es conseguir bolívares por debajo de ese precio. Al final del día las empresas y personas buscan evitar la mayor cantidad de pérdidas posibles.
Esto genera situaciones como que en Binance esté a un precio, pero en la calle se consiga entre un 3% y un 5% menos de diferencia.
El cambista juega en ese margen. Juan explica que la mayoría de las veces sus bolívares llegan de empresas que necesitan salir con urgencia de ellos. Su capacidad de negociación va a depender del volumen que se mueva y la urgencia del cliente.
Como explica, cuando son montos bajos los precios suelen estar por debajo de Binance, pero si el monto es alto, hay quienes consiguen bolívares por encima de Binance con un agregado extra y lo venden por debajo de Binance, incluso al precio de la calle.
Ahí está el negocio.
Con respecto a la segunda pregunta la explicación es simple, pero tiene un trasfondo que sirve para identificar las dinámicas monetarias que se dan en el país.
Juan espera que la brecha se mantenga producto de la inflación y la reactivación económica. Con más bolívares en la calle la presión al paralelo volverá.
Para que se entienda, el cómo pagas hace referencia a si das dólares en efectivo o por Zelle. Esto no suele ser muy relevante hasta que estás en el día a día y entiendes que Venezuela no es un país con una economía común.
Juan explica que durante 2025 había días en el que el efectivo predominaba los pagos. Todos pagaban en cash y había un creciente interés por bancarizar, algo que Juan llegó a ofrecer más como un servicio extra.
Durante los primeros meses del 2026, las transferencias por Zelle han dominado el mercado. El efectivo disminuye y empieza a darse una situación donde hay gente buscándolo con urgencia.
Al final del día esto no es más que el reflejo de las dinámicas económicas que el país atraviesa. Durante 2025, con las sanciones vigentes, muchos de los dólares que entraban al país eran en efectivo. Hoy, con el regreso de las compañías petroleras y un nuevo esquema cambiario, el dinero está entrando por transferencias.
Al final, lo que quiere Juan es que el dinero siga fluyendo.
“Yo sigo vendiendo bastante”
Tras el 3 de enero hay un elefante en la habitación.
La brecha fue generada por varios motivos, entre ellos, las sanciones y la incertidumbre. Ahora las sanciones se han ido relajando y la economía nacional ha recibido la noticia de que Venezuela recibirá más dólares producto de la venta de petróleo.
Para los no especializados en la materia, esto debería ser el milagro que resuelva el tema cambiario. De hecho, cuando en enero se anunció la inyección de 500 millones de dólares en la economía, muchos empezaron a asegurar que la brecha desaparecería.
A Juan se lo dijeron tanto en serio como en tono burlón. Su respuesta fue “yo sigo vendiendo bastante”.
Y es que Juan, quien tiene un trato constante con empresas porque son sus principales proveedores de bolívares, sabe que el tema no se soluciona tan fácil.
Sí, el dólar dejó de devaluarse a la velocidad de antes, y sí, la brecha se cerró un poco, pero hay mucho que hacer para que el problema se resuelva.
Juan explica que hay un tema de estacionalidad. El primer cuarto del año tiene el pago del Impuesto Sobre la Renta (ISLR) que saca muchos bolívares del mercado. A esto se le suma la entrada de nuevos dólares a una tasa que varía según el día, una mezcla capaz de hacer que la oferta de bolívares se reduzca.
Por primera vez en su vida de cambista, Juan ha tenido días en los que no tiene bolívares.
Pero mientras siga la incertidumbre política y la falta de transparencia, nada de esto va a solucionarse.
Juan espera que la brecha se mantenga producto de la inflación y la reactivación económica. Con más bolívares en la calle la presión al paralelo volverá. Si bien esta no será igual a la que se vivió en 2025, sí será importante.
Como dicen varios economistas, el problema se solucionará si hay un programa de ajuste que genere confianza en el mercado. Mientras eso sucede, Juan seguirá con su negocio y posiblemente se expanda a otras áreas, como la bancarización.
Juan entiende que hay riesgos, incluyendo la posibilidad de ser investigado por la policía y todo lo que conlleva, pero al final del día sabe que la ganancia vale la pena. Y que el riesgo es el factor común de todos los negocios en Venezuela.
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