Por qué fueron tan destructivos los terremotos del 24 de junio
La onda sísmica que se extendió desde Yaracuy y los suelos alrededor de la cordillera explican la amplitud del daño

Falta mucho para tener un balance social definitivo sobre la tragedia del 24 de junio de 2026, sin embargo, empezar a aclarar el panorama pasa por describir al evento desde su naturaleza.
Hasta el momento en que se escribían estas líneas, la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) no ha emitido un boletín oficial caracterizando a los dos terremotos que ocurrieron este 24 de junio a las 6:05 de la tarde sobre el territorio venezolano, con consecuencias devastadoras especialmente en la región capital y el litoral central.
Ambos sismos fueron consecutivos, separados por pocos segundos. El primero fue un sacudón de tierra de magnitud 7,2, a 21,9 kilómetros de profundidad, cuyo epicentro se posicionó entre Morón (estado Carabobo) y San Felipe (estado Yaracuy). Un segundo movimiento telúrico, aún más agresivo, se produjo a 8,8 kilómetros de allí, con una magnitud de 7,5 y con la gravedad de que estuvo dos veces más cerca de la superficie terrestre que el primero, es decir, a solo 10 kilómetros de profundidad.
Los sismos son la liberación repentina de energía que permanece acumulada debajo de la tierra. Esa energía es producto de las fricciones internas de grandes bloques rocosos, más conocidos como placas tectónicas. La placa Sudamericana, que es el conglomerado continental sobre el que se ubica el país, está en contacto con la placa del Caribe, un bloque rocoso oceánico que contiene al mar que le da nombre.
El roce de ambas placas provoca fracturas gigantes conocidas como fallas tectónicas, que recorren muchos kilómetros de territorio venezolano, especialmente en la región costero-montañosa. A través de las fallas es que se libera la energía acumulada, entonces, los dos terremotos de ayer pueden entenderse como dos explosiones de energía subterránea que fue liberada a través de la unión entre las fallas de Boconó y San Sebastián.
Para comprender mejor este desastre desde sus aspectos técnicos y conceptuales, Caracas Chronicles entrevistó al Geógrafo Kuay Rodríguez, magister en Gestión de Riesgos Socionaturales de la Universidad de Los Andes (ULA).
¿Por qué la afectación más grande fue en La Guaira aunque el epicentro ocurrió en Yaracuy?
Cuando ocurre un sismo de esta naturaleza, es usual que los mayores daños se registren en lugares alejados del epicentro. Aunque fue en el subsuelo del estado Yaracuy donde nació el sismo, los terrenos rocosos de la zona lo disiparon de mejor forma que la endeble franja costera de Maiquetía y Catia La Mar.
El enjambre de ondas sísmicas pasó de un terreno de roca dura, como el que predomina en los límites de Yaracuy, Carabobo y Falcón, a uno de arenas, sedimentos y suelos blandos como el de La Guaira. La velocidad de la onda disminuyó, pero su amplitud se expandió, y eso lo hizo más destructivo.
Es decir, ¿las ondas sísmicas viajaron de Yaracuy a La Guaira?
Sí. La forma en que la Tierra libera energía desde su interior hasta la superficie a través de fallas tectónicas como las de Boconó y San Sebastián, se conoce como “directividad hacia adelante”. Es decir, la energía sísmica se hizo más intensa a medida que se movilizó en una dirección. Esa energía fue liberada en Yaracuy y viajó a través de las fallas de Boconó y San Sebastián hasta encontrar las condiciones idóneas para explayarse de forma agresiva. El área de expansión sísmica fue apareciendo progresivamente a lo largo del eje Puerto Cabello-Maracay-Caracas-La Guaira.
¿Por qué colapsaron tantos edificios en La Guaira?
Las áreas más afectadas fueron los urbanismos asentados en laderas empinadas y crestas de montaña. Ese tipo de relieve suele amplificar el efecto del sismo, porque desestabiliza el terreno y afecta estructuralmente las fundaciones de las obras civiles.
Cuando se produjo el sismo en lo profundo de la tierra, las ondas de energía liberada viajaron desde el hipocentro hacia arriba en un movimiento vertical y uniforme. Pero cuando llegaron a la superficie, esas ondas no escaparon, sino que permanecieron retenidas y rebotando entre sí a lo largo de extensas capas superficiales de terreno.
Las estructuras e infraestructuras civiles suelen diseñarse para soportar muy bien el impacto de ondas sísmicas verticales, pero esto cambia cuando las ondas rebotan de forma horizontal. Eso fue lo que ocurrió. El sismo mutó de un sacudón de ondas verticales y profundas en Yaracuy a un enjambre telúrico destructivo, masivo y superficial en la región capital.
Los dos antecedentes sísmicos de esta tragedia se remontan a los años 1900 y 1967. ¿Por qué este es más devastador?
Por el aumento de la vulnerabilidad estructural. Esta región se convirtió en un área de alta densidad poblacional, con infraestructura clave concentrada en un espacio muy estrecho, incluyendo instalaciones críticas como el Aeropuerto Internacional de Maiquetía, que sufrió daños severos.
Cualquier amplificación sísmica se traduce de inmediato en un colapso estructural masivo, en comparación con zonas rurales y menos densamente pobladas, o con casi cualquier escenario del pasado.
¿Hay otros riesgos a considerar en estas horas posteriores al evento?
Los asentamientos urbanos en La Guaira están expuestos a un volumen masivo de sedimentos sueltos, rocas y árboles caídos en las cabeceras de las cuencas que vienen de la montaña. Si llueve, ese material puede ser arrastrado e intensificar el escenario de riesgos.
Las zonas bajas, por su parte, al ser áreas con suelos normalmente saturados de agua, pueden experimentar sacudones de tierra que, aunque no sean de origen tectónico, se deben al reacomodo mecánico de los sedimentos.
¿Puede haber réplicas igual de fuertes?
Eso no puede predecirse. Ya ha habido réplicas considerables en las horas posteriores al evento. El escenario ideal es que esa energía que sigue acumulada bajo la tierra se vaya liberando a través de muchas réplicas minúsculas y de poca intensidad, que no representen la amenaza que representaría un escenario de pocas réplicas, pero de mayor envergadura.
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