Cómo impulsar la transición venezolana
Delcy Rodríguez está violando la Constitución y la administración Trump controla tanto al régimen como a la oposición. Pero hay una vía posible para llegar a elecciones

Luego de seis meses de la extracción militar de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, la situación política de Venezuela puede ser resumida de forma muy esquemática.
Bajo la Constitución de 1999, el 3 de julio la ausencia de Maduro se convirtió en una ausencia absoluta. Bajo este supuesto, el artículo 233 de la Constitución señala que deben celebrarse elecciones presidenciales dentro de los 30 días consecutivos siguientes al 3 de julio. Mientras tanto, Delcy Rodríguez se mantiene como presidenta encargada, supliendo la falta absoluta de Maduro.
Las elecciones serían la última parte de la tercera fase del plan que ha anunciado reiteradamente la Administración Trump.
Sin embargo, sabemos que no habrá elecciones en el corto plazo, pues hay consenso en que debe haber un nuevo CNE y condiciones de integridad electoral, y porque primero deberían cumplirse en teoría las dos primeras fases señaladas por la Administración Trump: estabilización y recuperación.
Entonces, ¿cómo puede la oposición venezolana impulsar que algún día haya elecciones libres?
Para ello primero debe definirse quién desde la oposición venezolana debe impulsarlas.
Lo natural sería que fuera María Corina Machado. Sin embargo, hay evidencia de que la Administración Trump no quiere que sea ella quien las impulse. No estamos diciendo que la Casa Blanca no quiere que Machado no sea candidata presidencial, o que no resulte electa como presidenta, sino que todo parece indicar que la Administración Trump no quiere que sea María Corina Machado quien impulse el proceso para llegar a esas elecciones. Lo cual es distinto.
Por tanto, si la Administración Trump no quiere que sea Machado quien impulse el proceso político que nos lleve a unas elecciones libres, ¿por quién apuesta el gobierno de EEUU? Sólo ha dado dos señales hasta ahora.
Una, un poco folclórica, incluso en términos de la política exterior estadounidense: Trump invitó a Enrique Márquez, un dirigente político satelital, al Discurso del Estado de la Nación. Fue un mensaje para decir el presidente de EEUU no quiere a Machado liderando el proceso que nos lleve a una elección libre.
La otra, el regreso de Dinorah Figuera, presidenta de la Comisión Delegada de la Asamblea Nacional de 2015, a Venezuela, invitada por EEUU, recibida en el aeropuerto por personal de la embajada de ese país. Figuera se reunió apenas llegó con el encargado de negocios John Barrett y con Jorge Rodríguez. De esa manera, la administración Trump recalcó su visión de quién sería el interlocutor de la oposición.
Finalmente, luego de los terremotos, hubo un tercer mensaje, más claro aún: desautorizar el viaje a Machado a Venezuela.
En este punto conviene recordar: en este momento de la historia política venezolana, ningún actor político puede lograr nada significativo sin el apoyo o, al menos, la anuencia de los Estados Unidos. Guste o no, el resultado de la operación del 3 de enero es que nos encontramos bajo una situación de tutelaje sobre el régimen y la oposición.
Bajo esta realidad, ¿hacia dónde impulsar la transición venezolana?
Si del gobierno de Trump no quiere que Machado sea quien impulse el proceso que nos lleve a unas elecciones libres, y la última señal clara que envió fue que se involucrase a la AN de 2015, quizá esa sea la ruta que haya que seguir.
De lo que se sabe, la idea de involucrar a la AN de 2015, a través de 6 o 12 de sus miembros, consiste en que junto con la AN de 2026 se construya una ruta institucional que lleve a las elecciones, en particular, la designación de un nuevo directorio del CNE, y quizá la conformación de un nuevo TSJ.
Se sabe que esta opción genera profunda desconfianza en Machado, quien intentó abortarla, al parecer sin éxito, con el “Manifiesto de Panamá” en el que entre otras cosas declaró que era ella quien debía conducir la negociación con el régimen interino. Sin embargo, pareciera que si no se quiere romper de forma definitiva con la Administración Trump, Machado y la AN de 2015 deberían llegar a acuerdos.
El primero podría ser que, efectivamente, la AN de 2015, con el apoyo del Gobierno estadounidense, se dedique a construir la ruta electoral junto con la AN de 2026. Naturalmente, escuchando en todo momento la opinión de Machado. Ello debería llevar a la designación de un nuevo CNE y un nuevo TSJ. Luego, se tendría que reformar la legislación y regulación administrativa en materia electoral para crear unas condiciones que permitan verdaderas elecciones libres. Siempre escuchando en todo momento la opinión de Machado.
Luego, se podría fijar una elección primaria dentro del mundo opositor, que permita a los electores opositores expresarse. Lo previsible es que resulte electa de nuevo Machado como la candidata opositora.
Quizá así se logre una ruta aceptable para quienes, hoy, y en el futuro, controlan este proceso: una ruta electoral alrededor de la AN de 2015 y la AN de 2026, y luego unas elecciones presidenciales en las que, previsiblemente, resultará ganadora María Corina Machado.
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